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miércoles, 27 de noviembre de 2013

Ruta por la serranía de Cuenca

En esta se llega a ver el suelo, hay sitios que solo se ve verde

Otra crónica bicicletil, que hacía mucho que no me daba una ruta digna de mención, demasiada Casa de Campo.
Aprovechando la casita de mi cuñado y el último fin de semana antes del frio de verdad, nos fuimos toda la familia a pasar un fin de semana campestre y conseguí colar la bici en el maletero, un milagro, la verdad, porque el coche iba hasta arriba con la ropa y las mantas para cinco personajes.
El caso es que fuimos a Laguna del Marquesado, un pueblo en pleno Parque Natural de la Serranía de Cuenca, vaya lugar para andar en bicicleta, mires donde mires solo se ven pinos, por todas partes, ni siquiera en las cumbres de las montañas deja de haberlos. Este punto le da un toque que me llamó mucho la atención, en la sierra de Madrid también hay zonas con muchísimo arbolado, pero miras hacia adelante y siempre hay un punto en el que se acaba la vegetación debido a la altura y en Soria pasa parecido, pero aquí no, vas por un valle por una carretera de mala muerte o por una pista, miras a lo alto de las montañas y sigues viendo el mismo verde, pinos y más pinos.
Aunque busqué en Wikiloc, no encontré ninguna ruta que me diera confianza y además me daba un poco de respeto ir solo por una zona que desconozco por completo y en la que además no hay casi gente, en Madrid sabes que antes o después te vas a cruzar con alguien que sabrá por dónde se anda si estás perdido, pero aquí es otra cosa, no sé donde están los pueblos, ni siquiera se si los hay, no sé dónde van los caminos, no conozco el tipo de terreno, nada, como me pase algo la única salida es tirar del GPS para desandar el camino.
Para rematar, mientras preparo las cosas me doy cuenta de que a pesar de llevar más equipo que nunca, se me ha olvidado la bomba, todos mis repuestos en la mochila sin poder utilizarlos en caso de necesidad.
Opto por la vía menos desconocida, tiro hacia el pueblo y cojo una antigua carretera que va hacia Dehesa Vieja, ese camino lo hice en coche la otra vez que estuve por la zona. El problema es que con el coche no me tuve que esforzar mucho, seguro que si hubiera tenido que empujarlo me habría acordado de las cuestas bestiales que tiene la carreterita. Pronto empiezo a sudar a pesar del frio.
Pasadas estas primeras cuestas empiezo un corto descenso para llegar a la Dehesa Vieja. El camino no tiene gran cosa, pero el entorno, buff el entorno, ni un ruido, unos olores de la leche, si no montas en bici date un paseo por allí, pero merece la pena pasar el rato. Nada más pasar Dehesa Vieja me bajé de la bici a ver si era capaz de encontrar algún níscalo, vi un par de ellos, pero parece ser que los valencianos habían arrasado con todos unas semanas antes.
Seguí mi camino, se supone que el mismo desembocaba en una fuente y ya podía volver para casa, pero resulta que ese trayecto eran 8 kilómetros, con la pereza que me da coger la bici no iba a volverme con un bagaje que podía haber hecho andando, así que cogí la pista que me gustó más y tiré hacia adelante. La pista estaba perfectamente arreglada para el paso de coches, pero solo vi dos y a su derecha en el sentido de la marcha iban saliendo otras pistas más rotas y con unas pendientes que daban miedo.
A la segunda de estas pistas decidí dejar la autopista y empezar a subir, ya no sé si es que estoy muy mal o que la pendiente era muy grande, pero no había sudado así ni en algunas rutas veraniegas, y eso que no debía hacer mucho más de 5ºC.
La pista empezaba con una pendiente bestial, me obligó a meter el molinillo, pero estaba disfrutando como hacía tiempo que no lo hacía, ese disfrute que solo te provocan las rutas desconocidas y en las que el entorno acompaña, en las que tienes la sensación de estar rodando por un sitio por el que poca gente tiene la suerte de hacer sus rutillas. La única pega es no saber dónde voy ni a donde me lleva el camino.
Una vez pasadas las primeras pendientes, el camino suaviza un poco y cambia la piedra suelta por algún tramo con piedras más grandes y fijas al suelo, la bajada puede ser entretenida por aquí y como no se dónde me lleva el camino, tendré que volver por donde he venido.
Me paro a hacer unas fotos, el paisaje no cambia, espectacular, árboles por todas partes, no hay manera ni de intuir por dónde te lleva el camino que estoy siguiendo, no se ve ningún pueblo, nada, sólo pinos y más pinos.
Esta es la laguna. Buenos y fríos baños se daba el marqués

Al final, y después de seguir dos o tres desvíos que llegaban al final de sendos caminos, al llegar a la parte más alta decido darme la vuelta, no me apetece seguir el camino un rato y que se termine y a cambio tener que volver subiendo la cuesta, así que decido volver para casa. El camino ha merecido la pena y bajar alguno de los tramos que he subido seguro que es mejor todavía.
Empiezo la bajada, no es tan divertida como intuía pero está bien, hay que llevar el manillar firme porque hay mucha piedra suelta y algunas zonas de barro resbalan bastante.
Llego a la pista por la que salí desde la fuente, lo primero que veo es un ciervo a no más de 30 metros delante de mí cruzando el camino y subiendo por la ladera de la montaña y luego ya a pedalear en ligero descenso, lo que hace que en poco tiempo esté otra vez en la fuente. Desde allí, 3 kilómetros por carretera y en casa.
Esta ruta era de iniciación, sin ninguna preparación previa y sin saber nada del terreno. Para la próxima utilizaré los programillas de los mapas del GPS y me prepararé una ruta en condiciones, sin tener que ir y volver por el mismo sitio e intentando pasar por lugares que tengan interés. Desde luego, si el pacharán que hay en elaboración en mi casa sale bueno, tendré que volver a coger unas cuantas endrinas para preparar varias botellitas del licorcillo.
Os recomiendo a todos visitar la zona y si tienes una bici mejor todavía, es un sitio digno de ver y patear o bicicletear, yo desde luego no había estado en un sitio como este muchas veces. Sin duda, el próximo viaje a la Laguna no me lo pierdo y la bici viene conmigo si o si.

El track de la ruta que hice no tiene gran cosa, es entretenido y duro, pero sin duda hay rutas mejores que ya os iré contando según vaya descubriéndolas.

Track de la ruta

viernes, 2 de agosto de 2013

Madrid-Segovia, y la Fuenfría pudo conmigo.

Magníficas vistas de Manzanres El Real, de las mejores de todo el trayecto.

Último fin de semana de libertad ciclista de este verano, esta vez con más tiempo para planificar y poder ir acompañado, así que preparo un reto importante, una ruta larga y en constante subida, Madrid – Segovia por el Camino de Santiago.
A las 8:20 salimos del barrio con dirección al monte de El Pardo, buscamos la vía para llegar hasta Tres Cantos pisando lo menos posible el carril bici pero sin intención de coger el rompepiernas que han construído junto a la vía del AVE.
Empezamos el camino muy animados, somnolientos pero animados, por nuestro camino habitual siguiendo las tuberías del Canal de Isabel II, la verdad es que es un poco aburrido, pero no conviene gastar fuerzas tan al principio aún a costa de perdernos nuestros senderos favoritos por dentro de la tapia de el Pardo.
Llegamos hasta El Goloso, donde nos adelanta un grupo de ciclistas que parece que seguirán nuestro mismo camino. Aquí es donde empieza el rompepiernas y no sabemos otra alternativa que el carril bici, por suerte el grupo que nos acaba de adelantar si la conoce, subimos la primera cuesta de la pista del AVE e inmediatamente nos desviamos a un sendero sin dificultad pero bastante más entretenido y asequible que la temida pista.
El descubrimiento de este sendero ha hecho que nuestro camino hasta Tres Cantos sea bastante más fácil y entretenido de lo esperado, así que sin pausa empezamos a seguir las flechas amarillas, que ya aparecen aquí y que nos llevarán hasta Colmenar, entrando en el pueblo por la pista del cementerio.
Una vez en el pueblo, aunque el GPS me manda por la circunvalación, las flechas amarillas nos llevan hasta la puerta de la iglesia haciéndonos rodar en dirección prohibida por una calle. Según mi compañero de fatigas las flechas las ha pintado el del bar de la plaza.
Salimos del pueblo, ahora toca el camino hasta Manzanares El Real, famoso por su castillo. La salida de colmenar es digamos que entretenida, en algunas crónicas de gente que ha pasado por aquí lo denominan trialera, yo no diría tanto, pero si tenemos que echar pie a tierra en algún punto concreto del trayecto.
Pasado este tramo cogemos una pista bastante ancha pero con un firme bastante incómodo, mucha arena y piedra suelta que además de frenar la bicicleta hace que sea realmente incómodo circular.
Por si fuera poco, antes de llegar a  Manzanares hay una cuesta arriba bastante importante que nos hace tomarnos el primer descanso de la jornada, con bocadillos, frutos secos y pasas incluidos. En este punto las vistas son muy bonitas, puede que las mejores de la ruta, aunque esto quizá sea debido a que todavía no voy muy cansado y puedo apreciarlas, cosa que no puedo decir de todo el trayecto.
Ahora toca bajada hacia el pueblo y cogemos el camino que va bordeando La Pedriza para llegar a Mataelpino, es sorprendente la cantidad de flechas amarillas que hay, no me imaginaba que a 700 km de Santiago estuviera ya todo marcado, no nos hace falta mirar el GPS en ningún momento.
En esta zona mis fuerzas empiezan a flaquear, ya no ruedo tan fluido y empiezo a pensar que la subida a la Fuenfría puede ser muy dura.
En una praderita que encontramos paramos debajo de un árbol a hacer lo que correspondería a la comida, bocadillo, almendras, pasas y un membrillo de estos energéticos que venden en el Decathlon, desde luego hoy van a tener trabajo extra si quiero llegar a Segovia.
Después del descanso, que si nos echamos la siesta, que si seguimos, que si tenemos que llegar a Cercedilla igual, seguimos la ruta. Completamos la subida y nos metemos en el pueblo. Grata sorpresa esta al comprobar que es Navacerrada, ya no nos queda nada hasta el pie de puerto y por la hora es posible que todavía lleguemos a coger el tren de Segovia, el objetivo está ya cerca.
Antes de coger la carretera a Cercedilla nos toca un tramo de empujabike pero de los de verdad, casi que carga bikemás que empujabike, voy muy justito y esto es por seguir las flechas en vez de hacer caso por una vez a los que han pasado primero por aquí, que seguro conocen el terreno mejor que nosotros.
Sin ninguna dificultad llegamos a Cercedilla, parada para que mi acompañante, que a estas horas ya va tirando de mi, se compre una barra de pan y una napolitana que dice le sabe a gloria. A partir de aquí empiezan los 13 kilómetros de subida ininterrumpida que llevan  a la fuenfría, tercera vez este mes que me enfrento a esta subida, pero hay una pequeña diferencia entre hacerlo nada más bajar del tren y hacerlo después de 7 horas de pedaleo cuesta arriba casi de continuo.
Ya en la primera fuente de la carretera, parada para rellenar los bidones y algo más, porque voy vacío del todo, he pasado la reserva y todo lo que tengamos por ahí dentro.
Seguimos para arriba, el ritmo es muy cansino, ni siquiera puedo decir que me duela algo o vaya ahogado, nada, falta de fuerzas total.
Nos cruzamos con muchos endureros, este fin de semana hay prueba del Open de España y hoy es jornada de reconocimiento, la verdad es que verles bajar da gusto y envidia.
En la fuente pasada las Dehesas, nueva parada, con bocadillo otra vez, nos vamos comiendo el margen para coger el tren y cada vez veo más lejos el bajar a Segovia, a no ser que queramos llegar a casa a las 11 de la noche.
Tras otra sesión de bocadillo, almendras y pasas y de ver pasar tres grupos de descendedores, retomamos la subida. El ritmo ya es penoso, yo creo que alguno andando me pasaría si no fuera porque a estas horas la gente está dedicándose a comer mejor que a caminar o montar en bici.
Antes de terminar el tramo más complicado me bajo de la bici, voy a hacer andando un rato y luego me monto y completo la subida. En la ducha de los alemanes me monto otra vez en la bici al ver que la pendiente va tomando unos porcentajes más asumibles, pero es solo un par de kilómetros, al rato me vuelvo a bajar pensando en pasar andando el tramo complicado, pero mi cuerpo ya me dice que complicados son todos.
Con esta lamentable estampa llego al mirador de Los Poetas, donde otro grupo de endureros están mirando la salida del tramo 3 y pensando quien empieza, prefiero ni mirarles, porque alguno me ha pasado cuando iba todavía montado, a saber que estarán pensando, aunque si supieran que venimos desde Madrid lo mismo cambiaban de opinión, pero no es mi problema.
Como la bajada del campeonato pasa por el mirados, bajamos andando por miedo a que algún avión de los que se lo están pensando nos pase por encima en el descenso. Nueva parada, ya con la certeza de que es el punto de vuelta y asumiendo definitivamente y sin ningún resquemor que el reto de llegar a Segovia quedará para otra ocasión.
Descanso ya sin prisas y bajada a la estación para coger el tren, al que llegamos 1 minuto tarde, una lástima, ahora tendremos que tomarnos unas cervezas mientras esperamos al siguiente, la verdad es que están ricas tan fresquitas.
Y esto es todo, a partir de aquí la ruta es en tren, lo que iba a ser un trayecto de dos horas desde Segovia se ha convertido en uno de una hora desde Cercedilla.
Aunque en el momento y debido al cansancio no me ha dolido lo más mínimo no llegar hasta donde debiera, con el paso de las horas la espinita se está convirtiendo en un tronco que se ha quedado ahí clavado. El curso que viene sin duda hay que mejorar el estado físico, ahora me queda pensar cómo hacerlo, porque aumentar las rutas de bicicleta no es fácil, habrá que plantearse ir a correr de forma regular y no 2 veces cada semestre.

La ruta me pareció bastante bonita, mejor de lo esperado, y plenamente ciclable, altamente recomendable si estás en forma.

jueves, 11 de julio de 2013

Cercedilla-Fuenfría-Carril del Gallo-Cotos-Bola-Cercedilla.

Como cada mes de julio, algún fin de semana me alargan la cuerda y puedo gastar los puntos hogar en una buena ruta por la sierra. Este año ha tocado pronto, aunque la poca planificación ha hecho que tenga que hacerla solo, cosa a la que por otra parte ya estoy acostumbrado y que no es lo mejor, y menos en rutas como esta en la que hay piedras por todas partes.
Los 38 grados previstos para Madrid también me empujaban a subir lo más alto que pudiera, es una suerte tener a apenas 50 kilómetros y comunicado por tren una zona en la que hace siempre 10ºC menos que en la capital.
El caso es que a las 8:10 de la mañana estaba ya en el andén de la estación de tren esperando que diera la hora de comenzar el viaje.
El vagón iba bastante lleno, había ya varios ciclistas y me tocó llevar la bicicleta sujeta porque no había ningún sitio donde dejarla, al menos pude ir sentado, cosa que no pueden decir los siguientes ciclistas que montaron en paradas posteriores, no había visto el tren con tanta bicicleta nunca, por lo menos íbamos una docena en el mismo vagón. Es curioso, el fin de semana anterior iba el vagón de este mismo tren casi vacío y una semana después apenas cabíamos todos.
Sin ningún incidente aparte de alguna señora enfadada con tanta bici, llegamos a Cercedilla. Esta vez como iba solo no me demoré en el inicio de la subida, si pensaba subir a la Bola del mundo convenía llegar cuanto antes, que esa subida se puede torcer en cualquier momento y cuanto más margen tengas mejor.
La subida a la Fuenfría la hice a muy buen ritmo, sin parar ni siquiera en el mirador de los poetas, lo tengo ya muy visto y había subido la semana pasada.
El no esperar al llegar el tren y no hacer paradas hizo que durante la subida no me encontrara demasiada gente y a diferencia de la semana pasada, no me adelantó ninguno. Lo mismo acabo pagando este esfuerzo al final, pero la verdad es que esta subida a fuerza de tanto hacerla se me va haciendo bastante asequible.
No paro ni en la cumbre, y bajo directamente a la fuente, mucho más fresco, con césped y con la fuente ahí.
Cuando llego hay unos caminantes flipando con la bicicleta que tenía el ciclista que estaba cogiendo agua, la lefty es lo que tiene, como alguien se de cuenta del “detalle” de tener una sola pata la pregunta o el comentario acerca de lo llamativo o de si está rota no falta. Desde luego, aparte del buen funcionamiento que dicen que tiene, este es un claro factor diferenciador.
Después descansar un rato, coger fuerza con el primero de los sándwiches y rellenar los bidones con el agua fresca de la fuente, seguí rumbo al Carril del Gallo. Con este camino tengo sentimientos encontrados, la primera vez lo hice en sentido de subida y me pareció un auténtico infierno, estuve pensando en algunos tramos en bajar a Segovia y volver en tren por no continuar con una subida que tenía que hacer casi todo el tiempo andando, de lo que tampoco me veía muy capaz después de llevar 6 o 7 horas de ruta.
Pero el año pasado lo hice en sentido bajada y me pareció una gozada, lo bajé del tirón sin poner casi pie a tierra y la verdad es que el paisaje y los senderos son de lo mejor que he hecho en rutas ciclistas.
La cosa es que el año pasado debía estar especialmente hábil con las bajadas, porque este año me tuve que bajar en varios sitios y no disfruté tanto de la bajada. Otra opción es pensar que la primavera tan lluviosa que hemos tenido lo ha dejado todo hecho una broza y por eso es tan complicado. El caso es que llegué abajo, dos revueltas de bajada en la carretera del puerto y comienzo de la subida a Cotos. También tengo del año pasado una buena sensación de esta subida, un gran descubrimiento también, sobre todo la llegada a Cotos.
El caso es que mi intención era subir del tirón, sin prisas pero sin pausas, hasta arriba, por lo menos hasta la parte final donde el camino se convierte casi en una torrentera llena de agua que dificulta enormemente la circulación ciclista.
Pero este sábado no iba, el invierno perruno que he tenido, sin ir a correr, sin grandes palizas de bici ni nada está pasando factura y estoy bastante peor que el verano pasado, el caso es que casi al final tuve que pararme y descansar.
Esta subida ya la he descrito en alguna que otra crónica de ruta, es una maravilla, pinos altos típicos de la zona, los famosos pinares de Valsaín que me recuerdan los pinares de Soria, bastante mejores que estos, en lo que tantas veces he estado y que algún día tendré que recorrer en bicicleta con mis hijos, porque varios días por ahí yo solo me parece que no va a ser posible, así que esto quedará para dentro de 10 años.
El caso es que llegué arriba, barrita de cereales y unas de algo parecido al membrillo que compré en Decathlon, están bastante ricas y por lo dulces que están y el azúcar que tienen, deben meter un buen chute de energía, que sin duda la voy a necesitar para el próximo objetivo. La bola del Mundo.
Tras unas amables palabras con la señora que se quejaba de las bicis en el tren, a los que ahora tildaba de gilipollas argumentando que el país que teníamos tan bueno era gracias a ella y los de su generación. Probablemente todos mis amigos y familiares de los que el más cercano está en Dinamarca buscando trabajo piensen lo mismo acerca del maravilloso país que habitamos o habitaban.
Cojo la bici y por carretera rumbo al puerto de Navacerrada. Por el camino me encontré una fuente y no me pude resistir a probar el agua, aunque esta tenía tuberías y todo, pero me supo riquísima también.
Llegué a la base de la pista que sube a la bola y por última vez me pensé seriamente si subir, pero había venido a eso y no iba a volverme al tren a las 2 de la tarde, así que para arriba, directamente plato pequeño y segundo piñón, por si se complicaba más todavía, siempre hay que tener una reserva aunque sea pequeña. Esta vez iba a subir toda la pista en bici, lo que no quiere decir que del tirón.
El principio fue duro, esto estaba muy empinado y empezaba a dolerme todo, pero había que llegar. Seguí para arriba tratando de recordar las dos curvas en las que me tuve que bajar el año pasado. No conseguí recordarlo, pero cuando avisté las antenas vi que ese punto lo había pasado, hora de tomarse un respiro para llegar hasta arriba. Las vistas eran espectaculares. Abajo se veía y se oía a un grupo de niños que habían subido al puerto de excursión. Por mi parte, el vientecillo fresco daba ganas de quedarse allí a pasar el día y la noche, parece mentira que pueda haber tanta diferencia de temperatura en tan poco espacio, mientras en Madrid estábamos a la puerta del infierno por la parte de dentro, aquí se estaba de maravilla y compensaba el esfuerzo hecho para llegar hasta allí.
Después de unos minutos, cogí la bici y continué hasta arriba. No recordaba tan dura la última parte, se ve que la niebla que había la última vez que subí me impidió ser consciente de lo que estaba subiendo, pero esta vez me estaba pareciendo de la parte más dura, no quería ni mirar el GPS para ver la velocidad que llevaba, que sin duda no llegaría a los 5 kilómetros por hora.
Por fin llegué arriba, mi estado era lamentable, estaba supercansado, me dolía el culo, la rodilla, los tendones de detrás de las rodillas, demasiado esfuerzo para mi.
Ahora tocaba comerme el bocadillo que me quedaba y beber agua, descansar, que para la bajada a Cercedilla convenía estar más o menos fresco o el sendero que va paralelo al Camino del Calvario se podía hacer hasta peligroso si no ibas muy atento.
La bajada de la bola es increíble, parece que en algunos tramos no puedas ni parar la bicicleta de la inclinación que hay, los brazos se me cargaron muchísimo, y al cansancio general se unió el esfuerzo de brazos y cuello. Total, que cuando llegué al puerto me plantee otra vez si merecía la pena bajar por el camino complicado, pero otra vez el recuerdo del año pasado, cuando bajaba casi por cualquier sitio, pudo con la cabeza y me fui por el senderito. Ya desde el principio aquello no era lo que esperaba, casi en cada dificultad echaba pie a tierra y en los puntos en los que intentaba no bajarme veía el tortazo más cerca de lo debido. Así hasta que en una zona aparentemente fácil, el pedal dio con algo y salí rebotado hacia el cauce del río. Bajé el talud de unos dos metros de altura a rastras enganchado a la bici y acabé con un pie en el agua y la bici en medio del riachuelo, de esta no sale mi cuadro de carbono. El caso es que sin poner el otro pie en el agua no era capaz de subir la bici al camino y subir yo, así que al final todos los pies empapados. Ahora tocaba revisión de daños. En mi parece que solo había sido un rasguño en el brazo, pero estaba lleno de polvo, así que me tocó meter el brazo en el río para limpiar aquello un poco, como escocía el arañazo, lo mismo era más profundo de lo que parecía, pero no sangraba demasiado.
Así llegué hasta abajo, ahora tocaba tomarse una jarrita de cerveza con limón sentadito en una terracita, menuda imagen más lamentable, un tío solo, arañado y hecho una broza, sentado en una terraza con la bici al lado y metiéndose medio litro de birra para el cuerpo. Pero eso es de los mayores placeres de montar en bici, la cerveza después del ejercicio, fresquita después de haber pasado medio día al sol sudando como un gorrino entra como la seda. Así que no me tomé una, sino dos, y aprovechando que había tiempo me pedí también un bocata de calamares, que no era cuestión de llegar con hambre a casa.
Y de ahí al tren, pasando por un pinchazo que se debió hacer de estar la rueda al sol.
Esto fue todo, una buena ruta, exigente, tanto en lo físico, con tres subidas importantes, como en lo técnico, con dos bajadas por encima de mi nivel y que dieron con mi cuerpo serrano en el cauce de un riachuelo, para haber hecho unas fotos. Algún día me gustaría bajar con una doble o una 29 por estos dos senderos a ver si realmente hay diferencia o son solo tonterías para camuflar la falta de habilidad del piloto.

Os recomiendo esta ruta, cogiendo los trozos que mejor os parezcan, sobre todo para los días de mucho calor, porque ahí arriba hace bastante más fresco que en Madrid, y aprovechad para admirar los paisajes y recoger el olor a pino, que eso si que es increíble.

lunes, 4 de marzo de 2013

Un paseo por el Soto de Viñuelas.


El pasado domingo me volví a juntar con uno de los grupos con los que salgo en bici de vez en cuando, aunque el invierno pasado fui bastante asiduo a sus rutas quincenales, hacía ya casi un año que por diferentes motivos no nos veíamos.
Aunque la asistencia no fue ni mucho menos elevada, si que fue suficiente para que nos diéramos una vuelta con la bici en un domingo en el que había estado de alarma por bajas temperaturas, así que la cosa prometía y además me permitiría probar mis recién compradas botas de gore tex en condiciones adecuadas.
La ruta elegida fue la que solemos hacer cada año como comienzo de temporada, bueno, la suelen hacer el resto, porque a mi no me gusta y normalmente me la salto. Además de no gustarme mucho el recorrido, me fastidia tener que coger el coche para ir a un sitio que no aporta nada respecto la Casa de Campo y no digamos El Pardo, pero esta vez y por ver a los compañeros me apunté.
Empezó todo como el culo, un poco antes de llegar a Sanse el coche empieza a calentarse. Me paro en una gasolinera y no tiene ni pizca de agua. Otra más para aumentar mi estima por esta ruta.
Relleno el depósito y llego al polideportivo de San Sebastián de los Reyes. Allí está ya Luc montando su bici, calzándose y demás zarandajas propias de la pereza que da montar en bici con este frio y a esas horas, y es que hacen falta ganas para levantarse un domingo a las 8 de la mañana con temperaturas bajo cero para darse una vuelta en la bici.
Al rato llega Santi y nos confirma que estamos todos, así que nos preparamos, nos vestimos y empezamos a andar. Para empezar una buena cuesta y nada más pasarla una bajada rapidilla para llegar a las afueras de la urbanización del Race (creo que se llama así), una ración de calle asfaltada y casoplones de los que nunca tendremos y vuelta a los senderos.
La ruta es bastante suave y discurre junto a la tapia que delimita el Soto de Viñuelas, que debe ser la finca privada de algún noble y que incluye castillo y todo.
Hasta llegar a los alrededores de Tres Cantos es la zona más entretenida, porque una vez que llegamos a las inmediaciones del polígono el camino se vuelve un poco más pestoso, con pistas más anchas, paisajes menos verdes y un poco sensación de estar rodando por descampados en lugar de por el monte.
En esta zona ya empezamos a cruzarnos con más gente, ya es media mañana, ha salido el sol y el tiempo no es como lo habían pintado, al final se va a quedar una buena mañana y todo. Nos cruzamos con bastantes ciclistas a los que se nota que están empezando en esto y con bastantes corredores, algunos casi van más rápido que nosotros, para que os hagáis idea del ritmo.
A estas alturas Santi ya dice ir tocado y bajamos un poco el ritmo.
Sin más que comentar llegamos al carril bici y hacemos el tramo correspondiente hasta llegar al cementerio de La Paz, donde empieza el camino de vuelta.
Esta parte es bastante entretenida, es ligera bajada y vamos a buen ritmo, eligiendo según el tramo entre la pista ancha y el sendero estrecho que va a su lado.
Y cuando creíamos que estaba todo hecho y que no nos íbamos a cansar más, nos llega una subida bastante interesante. Me pongo a tirar, aunque eso solo lo note yo al sentir el cansancio, no porque se aprecie un ritmo decente, y cuando llego arriba no veo a mis acompañantes. Me extraña tanta distancia, pero lo mismo van tocados de verdad. Cuando llegan a mi altura me devuelven al suelo, en una bajada se han chocado y han caído, aunque no se han hecho nada han perdido algo de tiempo y por eso he llegado con tanta diferencia arriba.
Y esto ya si que es el final, un pequeño tramo de llaneo hasta salir de la tapia y vuelta a los coches.
Otra vez que no he disfrutado esta ruta, el recorrido no tiene grandes atractivos para mi, pero es que además por una cosa o por otra siempre me pasa algo que me fastidia la ruta. La primera vez fue en una nocturna y era no llevar la iluminación adecuada, otra vez los continuos retrasos y ver que no llegaba a comer a casa y esta vez pensando en el coche, en si podría llegar a casa y el palo de la reparación.
Tengo que probar algún día a hacerla desde casa para meter kilómetros, aunque tampoco me hace gracia ir por el carril bici con la de montaña, por lo menos si será una ruta durilla con 30 kilómetros de carril y otros 30 de campo.
Yo personalmente no recomiendo esta ruta si vives en Madrid, pero si te pilla cerca de casa es una buena opción para rodar por el campo y para iniciarse en esto, hay zonas de senderos que si se hacen entretenidas, aunque para mi pesen más los tramos en la urbanización y la parte de llegada a Tres Cantos.

domingo, 13 de enero de 2013

A Colmenar otra vez, esta vez con la gorda.

Vista panorámica de Madrid. Tomada desde la pista del Canal de Isabel II entre Tres Cantos y El Pardo.

Pues dos semanas después de mi paseo con la flaca, vuelvo al mismo lugar pero por otro camino.
El plan era ir a El Escorial, pero a última hora decidimos que con el frío que hace no es plan ir a hacerse una ruta que tiene tramos no ciclables para globeros como nosotros y que mejor ir a Colmenar. En principio no me atrae mucho la idea, pero me prometen llegar hasta allí sin pisar asfalto y eso, sea bonito o no el camino, tenía ganas de conocerlo desde hace muchos años.
La excursión incluye bocadillos, tengo el día libre, desde el verano no había librado y también echaba en falta una ruta de las de varias horas y sin prisas por volver.
A las 10:20 nos ponemos en marcha, lo bueno de esta ruta es que salimos montados desde casa, ni coche ni tren ni nada, 2 quilómetros y a la tapia de El Pardo y desde allí todo pista hasta se supone que Colmenar.
Hace varios años que no hacía ese camino, el trozo entretenido está a partir de la clínica SEAR y la última vez que pasé por allí había demasiada vegetación como para pasar con la bici y el talud hasta la vía del tren imponía respeto. Ahora la vegetación está bastante más cuidada, no es que haya menos, es que han debido limpiar un poco el monte, y las vías han desaparecido, y no es lo mismo ver una cuesta que si se te va la rueda terminas en la vía que ver la misma cuesta por la que puedes bajar haciendo la croqueta con el riesgo de unos raspones como máximo.
El camino empieza subiendo junto al campo de golf por la parte interior de la valla del monte de El Pardo, para cruzarla en cuanto pasamos el campo y coger la pista que va paralela a la valla hasta la clínica, antes del Goloso. Este tramo la verdad es que no me gusta mucho, es como un descampado que vas atravesando por una pista con muchos surcos en algunos tramos.
Una vez en la clínica se coge el sendero que va paralelo a la vía junto a la valla, nuestra compañera casi toda la mañana, es la parte más entretenida del trayecto, es un sendero ratonero, con alguna cuesta en la que echo pie a tierra y con muchas curvas y repechos. Por este sendero llegamos a la estación de cercanías del Goloso. Algo gordo debe haber en el cuartel porque está todo lleno de coches y gente con vestidos bastante elegantes. Una vez pasado el aparcamiento y sus alrededores, cogemos la pista que va junto a las vías del AVE. Es toda recta si la miras desde arriba, pero desde la pista lo que ves es un auténtico y pestoso rompepiernas, todo cuestas bastante empinadas, subes y vuelves a bajar para volver a subir inmediatamente otra vez, la verdad es que es muy cansado.
Así llegamos hasta Tres Cantos. Un poco antes de llegar el camino está cortado por el Aula de Naturaleza, lo que nos obliga a ir para atrás y buscar un paso hasta el carril bici para poder continuar, es el único tramo de asfalto de todo el camino. Hacemos ese quilómetro hasta el hotel de Tres Cantos y ahí volvemos a dejar el carril para coger una pista que se va alejando poco a poco de la carretera y que está marcada como Camino de Santiago, confiemos en que llegue a Colmenar, porque a estas alturas ya va pesando la sed.
Enseguida vemos una fuente, pero cuando nos acercamos no tiene agua, o alguien ha cerrado el grifo si lo tiene o las últimas lluvias todavía no han llenado el acuífero que tanto habrá sufrido durante el verano. El caso es que aunque no haya agua, decidimos comernos el primer bocata al solecito, hace frio, pero al sol te puedes permitir hasta quitarte la chaqueta y estar más o menos a gusto.
Colmenar se ve ahí al lado y parece que este camino si que nos va a llevar hasta allí.
Ya pasado el cementerio toca comerse el otro bocata al lado de una ermita que hay junto a la carretera, la verdad es que la ruta se nos ha hecho corta y decidimos volver para ver si encontramos el paso en la zona que estaba cortada.
Esta vez si cogemos el carril bici y llegamos a Tres Cantos en un momento, aquí es donde parece que llega el camino que estaba cortado pero en este lado está abierto. Pero la alegría dura poco, después de una bajada nos encontramos otra valla que nos impide el paso, así que media vuelta y a seguir por el carril hasta el goloso para volver a coger el sendero, a ver si en sentido contrario podemos pasar sin bajarnos de la bici. En la primera cuesta grande si que la bajo, pero las dos siguientes se nota que ya no estoy para arriesgar y las bajo andando, es lo que tiene la edad, no se ven excesivamente complicadas, pero uno ya es viejuno para estas cosas.
Sin más incidencias llegamos al cruce de la carretera de El Pardo a Fuencarral. Aquí decidimos meternos en nuestro coto particular que es el monte de El Pardo y volver a cas por el camino habitual de las salidas domingueras de toda la vida, mucho más entretenido que la pista que va por fuera de la valla.
En definitiva, un buen día de bici y aunque parecía que no había hecho grandes esfuerzos, los 60 quilómetros pesan y por la tarde casi no puedo ni moverme, como hacía tiempo que no me pasaba. Ruta aceptable, más que nada por saber como llegar hasta Colmenar por el campo y si algún día estamos en forma se puede intentar ir desde casa hasta la sierra sin coger el tren.

Track de la ruta

sábado, 12 de enero de 2013

A Colmenar con la flaca

Después de unas cuantas semanas sin actualizar el blog, cuelgo la rutilla que me hice hace ya diez días para probar mi última adquisición. Después de la desastrosa última salida con mi Macario de carretera, en la que me tuve que volver 18 quilómetros con la rueda pinchada, decidí modernizar mi flota de bicicletas con una nueva flaca. Bueno, nueva entre comillas, porque es otra adquisición de segunda pata por lo menos, pero al menos ya lleva tecnologías más modernas como los cambios en las manetas de freno y 9 piñones. Esto me permite que si un día me da por utilizar la bici de carretera más de 3 veces al año como hago ahora pues puedo ir poniéndole cosas nuevas como hago con la de montaña. La flaca en cuestión es una Giant Pelotón Super Lite, largo nombre para la bici en cuestión, que debe ser la gama de entrada de Giant de hace unos años, aunque va montada entera en Shimano Tiagra, lo que ya se agradece, al menos todas las piezas son de un nivel similar y tratándose de Shimano seguro que un nivel más que eficaz, aunque sea de la gama media-baja de carretera. La verdad es que las fotos que había colgado el anterior dueño en internet para su venta no le hacen justicia, cuando la saqué de la caja me sorprendió lo bonita que era, el buen estado general y sobre todo las ruedas. Probablemente sean unas ruedas peor que normalitas, pero el perfil alto en tonos azules le dan un toque de nivel a la bicha. El cuadro es de aluminio en colores amarillo, azul y rojo, bastante alejado de las tendencias actuales pero bastante llamativo, con unos buenos acabados y la calidad general que se puede esperar del primer fabricante de bicicletas. Vamos ya a la ruta, aunque la verdad es que no tiene gran cosa, como el 90% de las veces que decido salir con la bici de carretera mi destino es el carril bici que une Madrid con Colmenar. Suelo empezar por el anillo verde a la altura del campo de golf por donde se accede al monte de El Pardo y desde allí en poco tiempo estoy en el cruce con la carretera de Colmenar, aunque con unas buenas subidas ya en las piernas. El primer tramo del carril está en bastante mal estado, hay que cruzar con la intersección de la M-40 y lo que debía ser una medida provisional durante las obras parece que ha quedado como definitivo, el suelo es de hormigón bastante irregular, muy estrecho y sin marcas separando los carriles, la separación con los coches es en algún tramo un simple bloque de cemento y va muy pegado también a la valla que impide el paso a las vías del tren. Menos mal que es poco trozo y a partir de ahí la cosa cambia y el firme mejora bastante, está más o menos liso y bastante limpio, que siempre es de agradecer sobre todo circulando con las ruedas finas que se pinchan con nada. Hay algunos pasos subterráneos con poca visibilidad y estrechos que obligan a advertir de nuestra presencia a los que vengan en sentido contrario para evitar sorpresas, pero son apenas dos sitios. Nada más coger el carril me adelanta un hombre que aunque no lo sabía me iba a acompañar la mitad de mi ruta, aunque al principio me sacó algo de ventaja enseguida cogí el mismo ritmo que él y le mantuve a la vista. Me sorprendió que cuando cogía a otros ciclistas les pasaba a toda velocidad, aminorando la marcha poco después, debió ser lo que hizo conmigo. El caso es que en un tramo en el que sin darme cuenta aceleré un poco más le di alcance, la verdad es que el tío iba fuerte y no pude adelantarle, me mantuve a una distancia prudencial para que no pareciera que iba chupando rueda durante unos quilómetros y en un pequeño repecho le pasé. Viendo el ritmo pensaba que se dejaría coger unos metros de ventaja y seguiría a su rollo, pero el tío se puso a mi rueda, ni me adelantaba ni se alejaba. No se si esto es normal en carretera, pero a mi me puso un poco nervioso. Hasta Tres Cantos la ruta es bastante llana, aunque pica un poco hacia arriba , de lo que te das cuenta a la vuelta, se va muy bien y se cogen fácilmente velocidades constantes de 25 – 30 km/h. El caso es que en ese tramo rodamos más o menos a la misma velocidad y a ritmo constante (excepto cuando alcanzaba a alguna grupeta). Un poco antes de llegar al desvío de Tras Cantos a la altura del hotel decidí pasarle, como he comentado pensaba que se quedaría un poco atrás, pero el tío decidió hacerme la salida entretenida pegándose a mi rueda. El caso es que nos picamos los dos y nos hicimos unos quilómetros en plan profesional, en el llano se me pegaba a rueda y en los repechos yo apretaba para que no pudiera pasarme. El paso de los quilómetros iba haciendo mella en mí y ya en el tramo entre Tres Cantos y la primera salida de Colmenar iba bastante tocado, lo que pasa es que a ratos dejaba de oír las ruedas de mi acompañante, lo que me hacía pensar que él estaba peor todavía. Este tramo que acabo de comentar es bastante más duro que el anterior, deben ser apenas 10 quilómetros o menos, pero pesan bastante más que los 20 anteriores, hay bastantes repechos y la carretera ya va constantemente hacia arriba, sin ningún disimulo, y eso se va notando en las piernas. El caso es que poco después de la salida hacia Colmenar yo decidí que hasta allí había llegado, me paro y a comerme mis barritas, que después de un calentón saben mejor, y que mi acompañante siga la ruta hasta donde llegue. Media vuelta y para casa, en este momento llevo 25km/h de media, no está nada mal para lo que acostumbro y en la vuelta lógicamente la media mejora porque es bajada y hay trozos que sin dar apenas pedales se puede rodar cercano a los 40 km/h, incluso me da para hacer casi todo el camino de vuelta en plato grande, que para mi en una de carretera son palabras mayores. Sin más incidencias llego al trastero, guardo la bici y a desayunar, que es lo que mejor sabe de la bici. Lo que pensaba una salida tranquilita para probar mi nueva burra se ha convertido en una buena mañana de bici y con un buen ejercicio. Respecto a la bici, muy contento, la talla o la geometría o lo que sea parece que me viene mejor que mi antigua Macario y solo me falta ajustar un poco los cambios y aprender a manejar las manetas, porque muchas veces aprieto las dos a la vez y no consigo cambiar.
Track de la ruta

lunes, 24 de septiembre de 2012

Otra vez en El Pardo.


Después del verano y entre las excursiones largas y las vacaciones, la verdad es que llevaba ya casi 3 meses sin pisar mi circuito de mountain bike particular. Han sido 3 meses en los que he disfrutado de unas rutas con vistas magníficas, paisajes espectaculares y retos ciclistas en forma de puertos que tan solo hace un par de años no estaban a mi alcance pero que gracias a practicar regularmente y esforzarme un poco he pasado decentemente.
Aunque carece de largas subidas y sobre todo del verde que podemos encontrar en la sierra, no me cansaré de repetir que un sitio como El Pardo es un lujo para los amantes del ciclismo de montaña y que la gente que no conoce Madrid ni se imagina que puedas salir de casa montado en la bici y en 10 minutos estar rodando por un sitio así.
Esta era la segunda salida de la temporada, la primera fue la Casa de Campo la semana pasada, buen lugar para probar el estado de forma que nos ha dejado el verano y el mes de inactividad, pero ya viendo que el nivel era aceptable, decido darme una vuelta por estos montes que supongo que gracias a ser el coto de caza del rey permanecen prácticamente inalterados, al menos en cuanto a construcciones se refiere, permitiendo que podamos disfrutar en cualquier momento de algún sendero divertido y alguna bajada con cierta dificultad técnica (las hay bastante difíciles, pero no se bajarlas).
Como siempre, la entrada la hago junto a la tapia del campo de golf, que tiempos en los que esto era un descampado y algunos moteros podían practicar motocross, ahora desde luego es algo más bonito de ver, aunque a cambio no lo podemos disfrutar a no ser que juguemos al juego de los palitos. La cuesta es bastante importante, como calentamiento no está nada mal, y hace que me plantee el por qué me he levantado de la cama para montar en bici si podía estar durmiendo un rato más, pero el ansia por probar mis nuevos frenos XT recién puestecitos ha podido más que el sueño.
Al acabar la subida me duele hasta la cabeza, paso por la primera de las bajadas y solo de pensar en la subida posterior y el repecho final me hace desistir de tirarme por ella, ya habrá días para volver a probar si soy capaz de subir hasta arriba montado o el montículo final puede conmigo, hoy de momento he decidido no despertarle y dejaremos el tema para otro finde.
La que no perdono es la bajada de los peraltes, entre otras cosas porque no se otro sitio por donde bajar, así que me tiro por la cuesta para hacerle el primer examen a mis flamantes frenos, sabiendo, eso si, que las pastillas necesitan cierto rodaje para rendir, pero la sorpresa es mayúscula, esto frena de maravilla, una de dos, o antes llevaba una patata y cualquiera hubiera sido una maravilla a su lado, que es probable, o estos frenos son mejor todavía de lo que cuentan. No quiero ni pensar si en dos o tres días van a frenar todavía más y mejor que ahora.
El terreno está bastante roto, el verano ha pasado factura y aunque no ha habido tormentas fuertes como el año pasado, hay bastante arena suelta y sobre todo alguna zona con muchos baches, sobre todo el cuestón que hay un poco antes de cruzar la carretera, está lleno de surcos y roderas que hacen que casi tenga que poner pie a tierra. Por esta vez me ha librado, pero será un tónica general a lo largo de la mañana el poner pie a tierra.
Al llegar abajo del todo, la zona de arena de rio parece todavía más grande de lo habitual, aún así consigo subir el repecho posterior, así que no debe ser mucho más grande que antes del verano.
Ahora toca la zona de respiro entre los pinos antes de afrontar la subida más dura de las que conozco por aquí, poco antes de llegar a la gasolinera me desvío hacia la derecha y afronto la subida que me llevará hasta la fuente de Valpalomeros pasando por el poste de alta tensión y su terrible repecho. En algunas zonas la arena hace muy dura la subida y gracias a que antes del verano jubilé mi plato de 36 dientes y volví al de 32 he podido subir sin tener que poner el molinillo, lo bueno es que parece que voy dejando atrás el sueño y la verdad que me siento fuerte. Parada en la fuente, barrita de cereales y a por las bajadas buenas.
En la primera disfruto como un enano y me permite exprimir mis nuevos frenos al máximo, gozando con su suavidad y la poca fuerza que hay que hacer sobre las manetas para que la rueda se pare con la fuerza que desees en cada momento.
Esta cuesta me ha dejado junto a la valla que delimita la zona cerrada para el público. Aquí puedo observar un ciervo pastando tranquilamente, ya queda poco para la berrea durante la cual las estampas de ciervos son bastante abundantes en esta zona.
Subo la cuesta que va paralela a la valla y nuevamente me encuentro bastante bien, tampoco puedo decir si es que iba más despacio de lo habitual y por eso no me fatigo mucho, pero la cuesta final con las raíces la sorteo con más o menos facilidad sin tener que parar ahogado al llegar arriba como me ocurre otras veces.
Ahora toca la bajada por el mirador. Aquí empiezan los problemas. A media bajada hay una bifurcación que a pesar de haber tomado como cientos de veces, todavía no soy capaz de saber a dónde me lleva cada una de las dos opciones. Hoy cojo la izquierda y resulta ser la que tiene el tramo complicado al final. Otras veces no he tenido problemas, pero hoy hay mucho surco y a media bajada no se qué hago pero me veo rodando cuesta abajo, así que antes de hacer la croqueta suelto la bici y que ruede ella, que no tiene que sentarse en ningún sitio y se puede manchar.
Termino la bajada y afronto la subida por el lado izquierdo de la carretera, no me acordaba que esta subida se me hacía tan larga, no es que sea especialmente dura, pero siempre voy engañado pensando que es más corta de lo que realmente es, y eso machaca más que los porcentajes en algunas ocasiones.
Desde arriba, cruzo la carretera, voy a la fuente otra vez e inicio la bajada que me dejará junto al puente de la vía del tren. Aquí hay dos opciones, bueno, tres. Volver para casa sin subir, subir paralelo a la vía por un camino bastante duro y subir hacia el Palacio de la Quinta. Descarto las dos primeras, en el medio está la virtud, ni demasiada dureza ni volverse para casa. Empiezo la subida y veo otros 3 ciclistas que suben por la carretera y me van pasando. Como un crío me pico con ellos aprovechando que ellos no me ven y no puedo hacer el ridículo, lo que me lleva a que en un momento dado en vez de mirar el camino les miro a ellos y a rodar por el suelo. Esta vez no he podido abandonar a la burra, menos mal que iba cuesta arriba y despacio y no me hago nada.
Una vez en el bar, sigo la subida ya junto a la tapia camino a casa, es un tramo duro, por la pendiente y por las raíces y surcos, pero también lo paso aceptablemente.
Después de esta subida no me puedo ir para casa por fuera de la tapia, así que busco el club de tiro y bajo más o menos bordeándolo, con cuidado porque no sería la primera vez que me confundo de camino y termino viendo caer alrededor perdigones sueltos y hoy se oyen bastantes disparos, pero llego bien hasta abajo.
Desde aquí el camino es más o menos llano hasta llegar a la M40, la última subida para superar uno de los túneles bastante menos transitado que los días laborables y volver a la tapia del campo de golf.
Jornada concluida, termino contento por lo que me han gustado los frenos y sobre todo porque me he encontrado bastante bien. Últimamente estoy muy perezoso y me cuesta un montón ir a nadar, coger la bici y no digamos correr, que todavía no he ido desde hace más de 4 meses, pero las veces que me pruebo un poco curiosamente el rendimiento no es malo, así que lo de nadar parece estar dando sus frutos.
Un buen amigo se ha comprado bici y parece que está haciendo casi todos los fines de semana rutas bastante chulas, a ver si puedo acompañarle más de un día y este blog se enriquecerá con las experiencias.

Track de la ruta.

domingo, 22 de julio de 2012

Miraflores-Morcuera-Rascafria-Canencia

Hoy tocaba ruta de las largas y teniendo en cuenta el calor que hacía había que buscar las alturas.
Una vez más el GPS y el gran blog de Alakan y sus crónicas de las rutas me iban a decir por dónde andar.
La tarde anterior lo dejé todo preparado para ir a Cercedilla y buscar un nuevo camino a Segovia, pero las cervezas de la noche cambiaron mis planes, amanecí un poco tarde y mejor no andar pendiente de trenes ni horarios de vuelta, así que cogí el coche y me fui a Miraflores. Lo primero que me llama la atención es la cantidad de ciclistas de carretera que hay por esta zona, buscan Morcuera y Canencia, pero la verdad es que desde el coche se ve peligroso andar por una carretera sin apenas arcén y en la que los coches te adelantan incluso en línea continua, algunos llevan prisa hasta los sábados.
Vistas desde la pista de subida a la Morcuera
Lo primero del día era la subida a la Morcuera, ya la conozco de otras ocasiones pero esta vez el track me tiene reservada una sorpresa, y no agradable, lo que se supone que es un atajo se transforma en un buen trozo no de empujabike, sino de llevar la burra a cuestas y saltando arbustos, esto al sol y con las cervezas de la noche anterior haciéndose recordar. Al final llego a la pista por la que siempre he subido el puerto y que es el camino que siguen el 90% de las rutas que podéis descargar, que aunque más larga sin duda es preferible al sitio por dónde he ido yo esta vez. Esta pista te lleva hasta 2 kilómetros de la cima, el resto hay que hacerlos por la carretera.
Fuente de Cossío. Da la vida después de subir el puerto.
Una vez arriba toca refrescarse en la Fuente de Cossío, recuperar fuerzas con un sandwich y descansar de la dura subida, la sudada que llevo encima es de órdago y todavía me quedan casi 60 kilómetros de ruta, esperemos que la cosa mejore de aquí en adelante porque si no habrá que buscar alternativas.
Desde aquí bajo por la cara de Morcuera por la que subí en mi última ruta, la verdad es que no me extraña que terminara de la subida hasta los mismísimos, porque la bajada es realmente larga, toda entre pinos y por una pista en bastante buen estado, con lo que el cuentakilómetros avanza que da gusto y me hace ver la ruta de otra forma.
Antes de llegar abajo decido ir a buscar la cascada del purgatorio, pero después de subir y bajar alguna cuesta veo que no puedo llegar hasta ella, tampoco puse mucho empeño, la verdad, pero me vuelvo sin haberla visto, y eso que mucha gente se dirigía hacia ella con pinta de ir a bañarse, y las zonas de baño hay que conocerlas.
Continúo la bajada y paso junto a las presillas y desde aquí por caminos estrechos pero muy lisos y en ligero descenso llego a Rascafría. A partir de aquí no abandonará la ruta del Lozoya hasta Canencia, una buena cantidad de kilómetros por pista bien cuidada, llanos y con bastantes familias montando en bicicleta.
Embalse de la Pinilla
Cigüeña refrescándose en el embalse
Por esta pista rodeo el embalse de la Pinilla y llego a Lozoya.
Pasado este pueblo me encuentro con la zona más interesante de la ruta, un punte sobre el río en una zona en la que hace unas cascadas y pozas encajonadas entre las rocas dignos de ver. Llegados a este punto y con el calor que hace decido que no abandono el río sin darme un baño, así que avanzo un poco y encuentro una zona en la que el río no va tan encajonado y puedo llegar hasta él casi montado en la bici, el rio no tiene apenas profundidad pero la suficiente para poder tumbarme entero dentro del agua y refrescarme un poco, espero que con esto sea suficiente para poder completar la ruta, porque la verdad es que aunque casi todo es llano y ligera bajada, los kilómetros junto al pantano me han dejado tocado, lo mismo he ido más deprisa de la cuenta. el caso es que el baño me sabe a gloria y cojo la bici con otro ánimo en busca de Canencia.

Cañón en el río Lozoya y puente sobre él. Lo mejor de la ruta
Llego al pueblo con muchísima sed y sabiendo que a partir de aquí viene la segunda subida de la jornada, otro puerto de los míticos para los ciclistas, Canencia, y que promete hacerme sufrir, así que no puedo pasar  el pueblo sin repostar agua, busco una fuente y me como otro sandwich para coger fuerzas, no había parado a sentarme un rato desde la cumbre de Morcuera y llevo ya unos cuantos kilómetros, 45 desde entonces y 55 en total. Me está costando una barbaridad coger la bici de nuevo, pero desde aquí no hay otra, la única forma de llegar a Miraflores, donde está el coche, es subiendo el puerto, así que mejor no dilatar la espera.
La subida empieza por la carretera pero enseguida de salir del pueblo la cruzo para coger un camino con bastante pendiente en su tramo inicial. este pista discurre entre pinos y tiene pinta de estar ahí para que suban los vehículos a limpiar el monte y recoger la leña, pero la verdad es que por ahí no sube cualquier coche, está bastante más rota que otras pistas que he tomado hoy y en alguna pendiente fuerte la rueda trasera patina y cuesta traccionar, pero es completamente ciclable y se sube sin problemas más allá de los que impone la pendiente, fuerte en algunos tramos. Como siempre que subo una cuesta por primera vez se me hace eterna y con el GPS voy echando cuentas de cuanto queda y suponiendo que la bajada de después son 8 kilómetros, la verdad es que esta vez no me confundo y la subida se hace más llevadera al no tener ninguna desagradable sorpresa en forma de tramo adicional a lo pensado.
El último tramo lo hago ya pensando en la cerveza con limón que me voy a meter en Miraflores y pensando en ella y en no tomármela con el estómago vacío me como el último sandwich en la cima de Canencia, el objetivo está cumplido y desde aquí bajo por carretera hasta Miraflores. Conozco otro camino de bajada, pero tiene muchas piedras y cuando se va cansado este tipo de caminos se hacen peligrosos. Si no vas cansado este se hace muy pesado porque por lo menos yo tengo que bajar de la bici en muchos pasos complicados.
La cumbre más lata de la provincia, las 4 torres vistas desde el descenso de Canencia. Estas torres se ven desde casi todas partes donde vayas
Sin más contratiempos llego a Miraflores, cervecita en la primera terraza que encuentro que me sabe a gloria y para casa.
Ruta altamente recomendable, si no hay problemas en Morcuera, es buena para hacer en otoño y si se hace en verano lo mejor es ir preparado para darse algún baño en el embalse de la Pinilla o en el río Lozoya. Se pasa por varias zonas con unas vistas preciosas y el puente sobre el río pasado Lozoya y los saltos del río son dignos de ver. La subida a Morcuera es mejor hacerla por la ruta habitual que podéis descargar de cualquier otro track.
 
Descarga el track

martes, 3 de julio de 2012

Cercedilla - Tres Cantos pasando por 3 puertos.

Este sábado tocaba salida por la sierra, la ola de calor que hemos pasado por el centro esta semana, con temperaturas de 40 ºC, no aconsejaban salir cerca de la ciudad y aunque parece que durante el fin de semana nos iba a dar un respiro, mejor no tentar la suerte. Además, un día que no tengo hora para volver a casa hay que aprovecharlo para hacer una ruta de las buenas, conocer algún terreno nuevo y darme una buena paliza. Lo primero es planificar la ruta, tiene que ser por la sierra y a ser posible que empiece en una estación de tren y termine en otra. Wikiloc es mi mejor amigo para estas ocasiones, aunque el peligro de hacer rutas de gente que no conoces siempre está ahí, sin embargo voy perdiendo el miedo, las tardes de largos en la piscina parece que van dando frutos y mi estado físico es aceptable, con lo que puedo atacar bastantes rutas de las que la gente califica de moderadas e incluso difíciles. La ruta seleccionada parte de Cercedilla, como casi siempre, pero esta vez no volveré al punto de partida, pretendo irme a otro pueblo, Colmenar. Hace unas semanas pasé con el coche y me pareció un buen terreno para montar, sobre todo en primavera y otoño, no parecía que hubiera mucha montaña y por si acaso el camino sería perdiendo altura. Pero tenía ganas de hacer algo más, de darme una buena tunda de bici, así que seleccioné otro camino, un poco más dificultoso y con 3 puertos en condiciones, Fuenfría, ese fiel compañero, Cotos, mi último descubrimiento, y Morcuera. Gran parte de la ruta discurría por zonas que ya conozco de otras salidas, aunque la subida a la Morcuera por el lado contrario a Miraflores no la había hecho nunca, y eso pesó, vaya si pesó. Cojo el tren de las 8:20, así que antes de las 9:30 estoy dando pedales, hoy no pierdo tiempo ni en colocar el track, ya habrá tiempo en el alto de la Fuenfría para ello y hasta allí conozco el camino de sobra, la subida de siempre, muy dura al principio, con una zona de pendiente media en el centro que no se por que subo siempre a muy buen ritmo hasta el mirador de Luis Rosales y el último trozo ya muy fácil. Esta vez no paro ni en el mirador de los poetas ni en la fuente antes de llegar a la cumbre, la ruta es larga y no se lo que me voy a encontrar, cuanto más tiempo lleve por delante mejor. La subida se hace muy llevadera, el tren iba lleno de ciclistas y la mayoría tenemos pensado subir por el Camino de la República, así que más o menos voy acompañado casi toda la subida y con mis piques imaginarios con otros ciclistas desconocidos a los que voy atrapando, a todos menos a 3 que tenía ahí al lado a la llegada a las Dehesas y que ya no volví a ver hasta la cumbre. Arriba toca barrita para no coger una pájara y decidir si sigo el track que tengo grabado o bajar por el Carril del Gallo. Al final elijo la primera opción, error, la bajada es por la Fuente de la Reina, hasta allí es una pista pero muy rota, muy incómoda por la cantidad de piedras sueltas que hay. Me acuerdo de los que protestaban cuando arreglaron el Camino Schmidt. Los caminos y pistas hay que cuidarlos, aunque moleste a los que gustan de hacer descenso, si los dejas abandonados a su suerte terminan siendo impracticables hasta por los ciclistas más hábiles, y este empieza a estar mal, todavía se baja sin problemas pero es realmente incómodo. A partir de la fuente es camino asfaltado, total, que he bajado casi todo lo que había subido en poco tiempo y sin disfrutar casi de la bajada, aunque siempre está bien ir a 40 km/h sin dar a los pedales. Sin descanso después de la bajada empiezo la subida a Cotos, en este mismo blog tenéis la crónica de otra ruta en la que hago esta subida, así que no me extiendo. La subida la hago bastante mejor que la última vez, me junto con otros 3, uno de los cuales ya ha hecho gran parte de la subida a la Fuenfría a poca distancia de mi y yo de él. Entre la charla y que había subido hace apenas 1 mes la subida es más llevadera, aunque el último cuestón y la zona de pateo no me los quita nadie. Ya en Cotos toca el primer avituallamiento, el motivo real de mis salidas a la sierra, comerme un bocadillito que sabe a gloria en las praderas serranas y después de haber hecho en este caso dos buenas subidas. A partir de aquí es terreno inexplorado, no he pasado nunca por aquí y dependo del GPS, eso no me gusta porque la verdad es que soy bastante nulo con esto, pero si quiero probar cosas nuevas no queda otra. La bajada empieza por la carretera, según avanzo empiezo a dudar si toda la ruta trascurre por ella, pero enseguida se coge un desvío y entramos en los caminos. Es la parte más bonita de la ruta, discurre en su mayor parte junto al río, incluso se ven zonas en las que te puedes dar un baño, que siempre está bien saberlo para cuando apriete de verdad el calor, que no es el caso. Una vez pasada una zona más o menos llana por senderos junto al río y un embalse el camino pega un giro de 90º y hay una señal que indica Puerto de Morcuera, aquí debe empezar lo bueno. No había estudiado bien el perfil, pero creía recordar que la subida era similar en longitud y desnivel acumulado a la de la Fuenfría, así que nada insuperable, error. El no conocer la subida y el llevar ya más de 40 km con dos puertos empezaba a pasar factura. A pesar de ser una subida sin grandes pendientes, bastante tendida y con una pista en buen estado, el no saber cuánto me queda me va desmoralizando, para la próxima vez hay que estudiar la ruta y apuntarme en que kilómetros están las cumbres. El caso es que tengo que hacer dos paradas en la subida y se me hace eterna, no veo el momento de llegar arriba y empiezo a estar realmente cansado. Veo a un matrimonio dándose una duchita en un chorro que sale de un depósito, pregunto si es potable pero no lo saben, así que mejor no tentar a la suerte y confiar en que la fuente que la señora me dice que hay arriba del todo esté ya cerca. Efectivamente encuentro la fuente de Cossío, sale un buen chorro y aprovecho para comer el segundo sándwich y rellenar los bidones, a partir de aquí se supone que es todo bajada hasta Colmenar y debería llegar sin problemas. La bajada de la Morcuera es complicadilla al principio y luego empalma con la pista que he pasado en sentido contrario en otras ocasiones. Aquí con tanto traqueteo el GPS sufre un accidente y se suelta del soporte, se ha llevado un buen golpe contra la rueda pero parece que funciona. Ya casi abajo del todo, pierdo el track, la verdad es que ya estoy bastante cansado y no me apetece dar mucha vuelta buscando un camino para ir desde Miraflores a Soto del Real, incluso me planteo ir por carretera. Por suerte al cargar otro track encuentro el camino sin problemas. A partir de aquí es la parte más pestosa de la ruta, hasta Soto no está mal, pero a partir de ahí se va por una pista rodeando la cárcel, sin un solo árbol y por si fuera poco sopla el viento. Al llegar a Colmenar, con el cansancio acumulado, son casi 80 km, no me apetece lo más mínimo andar buscando la estación y encontrarme alguna cuesta, así que como Tres Cantos se ve bastante abajo decido coger el carril bici e ir a tiro hecho hasta la estación, a la que llego casi sin dar a los pedales. En total han sido 90 km, con zonas muy bonitas y bastante entretenido, habrá que apuntar esta ruta para el futuro, aunque le haré algunos cambios, sobre todo en lugar de bajar la Fuenfría por la fuente de la Reina conviene bajar por el Carril del Gallo, es más entretenido y más corto. Otra parte de la ruta a mejorar es el tramo desde Soto del Real a Colmenar, tiene que haber algún otro camino más entretenido.
Track de la ruta.

viernes, 22 de junio de 2012

De El Escorial a Madrid.


Se acercan las vacaciones de los niños y los días libres que se puedan coger llegan a su fin, así que hay que ir despachándolos no sea que se pierdan en algún Real Decreto.
Aprovechando las circunstancias propicias, Carlos y yo hemos decidido darnos la penúltima ruta en condiciones del curso. Como hay que estar a las 4 de la tarde en la puerta del cole y hasta las 9 no abren la jaula para quedarse con las fieras, el tiempo no es ilimitado, y entre unas cosas y otras se queda hasta corto, por lo que hemos decidido limitar los trayectos coche – tren al mínimo para aprovechar el tiempo de bicicleta. Para ello hemos seleccionado una ruta desde el Escorial a Madrid. Teníamos alguna referencia porque la ruta la hizo mi hermano hará 15 días. Nosotros por si acaso la haremos en sentido descendente, que siempre ayuda ir cuesta abajo.
A las 11 o así estábamos montados en las bicis en la subestación de El Escorial, nos toca ir a buscar dónde empieza el track, siempre una aventura cuando el que guía soy yo, aunque esta vez hubo suerte y no dimos muchas vueltas, parece que voy cogiendo el truco al chisme este.
Cuando llegamos al camino veo que por allí ya he pasado yo alguna vez, aunque estaba el terreno algo más húmedo. Es una zona bastante bonita, con caminos entretenidos, revirados, sin grandes dificultades y en ligera pendiente descendente, que siempre ayuda para que el camino sea más bonito.
Así llegamos hasta el puente que cruza el embalse de Valmayor. Me sorprende la cantidad de gente que hay siendo un día de diario. Y todavía hay gente que dice que que harías si no trabajaras, ninguno de los que nos cruzamos presenta mal aspecto, mala cara, síntomas de aburrimiento ni nada parecido, el trabajo es lo que aburre y consume, por eso te pagan.
En la presa paramos a echar unas fotillos y un jubilado aprovecha para contarnos la cantidad de tortugas que hay en el pantano y como se suben a los trnocs que sobresalen del agua para tomar el sol. Después de la charla pongo en marcha la cámara de vídeo y continuamos el camino. Hoy tocaba probar una nueva ubicación sujeta en el casco, pero la primera prueba ha sido rana, sólo se ve suelo, así que ni he editado el vídeo, otra vez será.
Pasamos por una urbanización y nos dirigimos a Colmenarejo, es la parte de la ruta que menos me ha gustado y encima intuyo que hay una alternativa por el borde del pantano bastante entretenido, pero me da miedo hacer pruebas por sitios que no conozco de nada y que pueden estar bastante lejos de algún pueblo.
Cuando llegamos a Colmenarejo paramos en un parque a coger agua y cruzamos el pueblo, que largo es el condenado, encima la salida la hacemos también por carretera, menos mal que enseguida nos desviamos a una pista que nos llevará hacia Villanueva del Pardillo, una buena zona de la ruta también. Aunque la pista es un poco aburrida e incómoda por los bachecitos típicos que forman los tractores, las vistas son bonitas y se rueda bien.
De repente subimos un repechillo y asoman en el horizonte las Cuatro Torres, parece que vamos bien encaminados, aunque la verdad es que se ven lejos.
Nos desviamos de la pista y tomamos un camino que tiene una barrera que pone propiedad privada, Carlos tiene serias dudas de que se pueda circular por estos sitios, pero no vamos a dejar el track a 30 kilómetros de Madrid y sin saber dónde estamos, así que no hay discusión. Por este camino llegamos a las primeras urbanizaciones de Villanueva del Pardillo. Aquí cogemos una pista del Canal que va junto al colector que alimenta Majadahonda. Ni una curva, ni un árbol, el sol empieza a apretar, me temo que lo bueno de la ruta se ha terminado y el único interés que queda es llegar a Madrid, lo malo es que el track marca que nos quedan casi 30 kilómetros, aunque estamos muy cerca de Majadahonda.
Cambiamos de colector y ya si llegamos al pueblo. Una parada en el Dia para bebernos una coca cola fresquita hace que lo veamos todo de otro color, parece que llegaremos a casa incluso con tiempo para comer antes de ir a por los niños. Cruzamos Majadahonda por el carril bici entre parques con césped y urbanizaciones de chalecitos y llegamos a Pozuelo. En esta parte la verdad es que no se muy bien por dónde andamos, todo hace indicar que la ruta nos va a llevar a la Casa de Campo por la zona de Prado del Rey y por eso el track es más largo de la cuenta, pero merece la pena con tal de saber cómo ir desde casa hasta la sierra montado en la bici y sin coger autopistas.
Una vez llegados a la Casa de Campo avivamos el ritmo, eso de verse en terreno conocido anima a cualquiera y nosotros no íbamos a ser menos.
Sin ninguna incidencia más llegamos a casita a las 15:10 más o menos, objetivo cumplido con creces, incluso podemos andar y esas cosas después de casi 70 kilómetros.
Desde luego prefiero andar por la zona de Cercedilla y Navacerrada, los paisajes son más bonitos, el clima para el verano acompaña mejor y los caminos son más entretenidos, pero esta ruta tampoco está mal conocerla para irse en tren hasta El Escorial y volver a casa montado. Investigaré con las rutas que tengo guardadas si se puede mejorar cogiendo algún camino junto al pantano algún rato más e iremos mejorando en el futuro. Otro reto es hacerla al revés, aunque me temo que para mi será mucha tela.


Track de la ruta

jueves, 7 de junio de 2012

Ciclismo sin salir de Madrid (y III). El Pardo.


Completo por el momento la serie con lugares en los que practicar ciclismo de montaña en Madrid sin necesidad de coger el coche para llegar al sitio.
En este caso, se trata de una zona muy amplia, mucho más que las dos anteriormente descritas, Dehesa de la Villa y Casa de Campo y como dice alguno de mis amigos cuando le he llevado, es “auténtico Mountain bike”, caminos ratoneros, curvas, descensos rápidos, subidas duras, bajadas complicadas, tiene de todo. Su principal característica es que no da descanso, está plagado de subes y bajas y no hay prácticamente ninguna zona de llano, con lo que si no nos paramos a charlar podemos llegar a casa bastante machacados.
Se encuentra situado en el término municipal de Madrid, al norte de la capital, y tiene una extensión de 16000 hectáreas, aunque solamente 900 son accesibles, el resto se encuentran valladas y son para uso y disfrute del Rey exclusivamente. Está declarado como Zona de Especial Protección para las Aves y está integrado en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares. Fundamentalmente está compuesto de bosque de encians con numerosos senderos que lo recorren, aunque también hay zonas de pinar y de otras especies, está considerado el bosque mediterráneo más grande de la provincia.
Entre la fauna podemos encontrar conejos, liebres, perdices, jabalíes y ciervos, estos últimos dentro de la zona vallada.
El acceso se puede hacer por varios puntos, yo lo hago casi siempre por la calle Braojos, junto a la valla del campo de golf. Se puede llegar a este punto montado en la bicicleta, el anillo verde pasa a pocos metros, o se puede coger el cercanías hasta la estación de Pitis y hacer un corto trayecto por el anillo verde. Este acceso nos tiene reservado un buen calentón para empezar, la cuesta que hay que superar junto al cercado del campo de golf es importante, y más cuando no has ni calentado.
En el track adjunto muestro uno de los recorridos que suelo realizar, hay muchos más, pero con este no os aburriréis, discurre por las zonas más entretenidas y coge unas cuantas bajadas por senderos revirados y subidas que nos permitirán mantener un buen estado de forma.
Señalar que fuera de este recorrido hay varias bajadas en las que los descenders han hecho saltos artificiales y peraltes, si te gusta esto también lo puedes hacer en El Pardo.
Como zonas más señalables de esta ruta se encuentran la bajada inicial, conocida como bajada de los peraltes, muy entretenida y que nos puede dar algún susto, aunque no tiene piedras, hay zonas con mucha pendiente que nos pueden asustar si no tenemos cierta práctica. Recordad también que por mucho peralte que haya, hay que girar el manillar para tomar las curvas, es típico en la primera bajada tomar recta la primera curva con peralte pronunciado, por suerte es tan alto que no nos podemos salir del camino ni chocarnos con nada.



  Otro punto a señalar es la subida a la fuente de Valpalomero, es una subida de algo más de un kilómetro que se hace muy dura, conviene no tirar de todo el desarrollo antes del último repecho junto al poste de la luz, ahí necesitaremos subir un par de piñones si no queremos echar pie a tierra.
Desde ese punto iremos hacia la puerta del Palacio de la Quinta, cruzaremos la carretera de El Pardo a Fuencarral y bajaremos por uno de los senderos más entretenidos.
A continuación iremos hacia Mingorrubio y si queremos podemos pasar por el Rompepiernas, tres subidas seguidas con sus respectivas bajadas, de unos 100 metros cada una de las primeras y un poco más larga la última, pero estas si que son para profesionales, hay que estar muy fuerte para subirlas del tirón, saber manejar desarrollos y controlar la bicicleta para que no se encabrite.
Por aquí llegamos al punto más al norte de la zona visitable, junto al embalse, desde aquí ya tenemos que volver hacia Madrid por cualquiera de los numerosos caminos, bien junto al río o bien subiendo hacia la zona de la valla, más suave la primera y con más subidas la segunda.
Os animo a todos en cuanto tengáis cierta forma física y control de la bicicleta a visitar esta zona, los que no lo conozcáis os sorprenderéis de lo que tenemos al ladito de casa y los que busquéis calmar el mono de bicicleta tenéis terreno de sobra para ello.
Con esta entrada completo las rutas que conozco para hacer en Madrid saliendo montados desde casa. Por supuesto que la sierra nos ofrece otras cosas, pero poder darte una vuelta más que decente en bici después del trabajo es algo que debemos valorar.

Track de la ruta

miércoles, 30 de mayo de 2012

Ciclismo de montaña sin salir de Madrid II. La Casa de Campo.


Hoy toca la segunda ruta por las zonas de Madrid capital en las que se puede practicar ciclismo de montaña sin necesidad de coger el coche. Este recorrido ya es cosa seria, tened en cuenta que se han corrido aquí pruebas de la Copa del Mundo, más de una y más de dos. No destaca por su dureza ni dificultad técnica comparada con el resto de pruebas del calendario, pero nos indica que no es ir de paseo. Es un auténtico lujo tener un sitio así dentro del casco urbano de Madrid, con estaciones de metro incluidas, aunque de poco nos servirán si no vamos en fin de semana, gracias a la gran política de fomento de la bicicleta que practican nuestras instituciones, eso si, en campaña, paseos en bici e inauguración de carriles a ninguna parte por doquier, a ser posible siguiendo circunvalaciones por zonas desiertas que es más fácil de hacer y suma más kilómetros.
La Casa de Campo es el mayor parque de la ciudad, tiene una extensión de 1722 hectáreas, en su mayor parte sin ajardinar ni sufrir ningún tipo de urbanización, aunque en su interior se encuentran el Parque de Atracciones, el Zoo y un pequeño recinto ferial con varios pabellones de ferias y congresos. Está situado al oeste de la ciudad, entre la M-30, la Carretera de Castilla, la Carretera de Extremadura y el término municipal de Pozuelo. En su mayor parte encontraremos zonas de encinar y de retama, aunque a lo largo de la historia hay varias zonas que han ido cambiando de uso y sufriendo repoblaciones con diferentes especies. También hay grandes zonas de pino piñonero.
En cuanto a la fauna, es muy habitual ver conejos, sobre todo los días de diario, que hay mucha menos gente, y varias especies de aves, como urracas, picos carpinteros, pitos reales o estorninos negros.
El parque está surcado por numerosos caminos y senderos y algunas carreteras que hace años que están cerradas al tráfico en los días festivos, quedando convertido en un circuito ciclista donde también pueden disfrutar los ciclistas de carretera.
Por sus características y variedad es un lugar magnífico para empezar en esto del ciclismo de montaña, podemos hacer rutas sin grandes cuestas, tenemos una pista que bordea el parque en la que se puede coger fondo y fuerza sin tener dificultad técnica y tenemos numerosos senderos con cierta dificultad, unos física y otros técnica, destacando en este último punto la famosa Cuesta de la Muerte, podéis ver gran cantidad de vídeos en internet con solo poner ese nombre en un buscador.
Personalmente, me gusta más la zona norte del parque, por donde no se desarrollaban las pruebas de la Copa del Mundo por estar más alejado del metro, hay numerosos caminos, buenas cuestas, senderos de bajada muy entretenidos y mucha menos gente que por las inmediaciones del lago o el teleférico.
La ruta mostrada en el track entra en el parque por el puente sobre la M-30 situado en el polideportivo José María Cagigal, para a continuación hacer un buen calentamiento subiendo al Cerro Garabitas, es una buena cuesta y hay un par de tramos que si no tenemos la suficiente fuerza y soltura con los cambios nos obligará aponer pie a tierra. Hay alternativas por senderos que van rodeando el cerro y que tienen menor pendiente.
A continuación hacemos una bajada complicadilla buscando la famosa bajada de la tubería, un sendero muy entretenido que se puede hacer a buena velocidad pero que hay que llevar cuidado con la tubería que le da nombre y que va siguiendo el camino, hay puntos en los que esta está rota y hay agujeros que nos pueden dar algún susto si no sabemos donde están y bajamos muy deprisa.
Por este sendero llegamos a la pista que va bordeando el parque, si hacemos deprisa estos trozos llegaremos cansados a casa porque tiene pocos tramos llanos. Suele haber senderos paralelos a esta pista que son más entretenidos, cada uno que elija lo que más le guste.
Por la pista llegamos a una explanada en un alto en la que hay una puerta por la que se accede a la urbanización de Somosaguas, aquí cogeremos el sendero de bajada hacia el interior del parque, de las más entretenidas para mi gusto, sin peligro si no vas más rápido de lo debido porque no hay piedras ni raíces, pero con muchas curvas. Nada más llegar abajo, tomamos el camino que sale a la derecha para subir otra vez hacia la pista pero más hacia el sur. Este subida es bastante llevadera y es un camino que también merece la pena hacerlo de bajada.
Seguimos el recorrido llegando hasta la valla del Zoo, podemos ver aquí el delfinario, los tigres y los monos sin pagar entrada, eso si, la subidita no nos la quita nadie y nos hará pensar en algunos casos si merece la pena. Desde aquí bajamos al lago en el único tramo de llano de la ruta, es la parte más sosa pero es buena zona para empezar si estamos muy desentrenados en esto.
Desde el lago tiramos otra vez para arriba para hacer la última bajada de la mañana, muy rápida y que nos lleva por el teleférico hacia abajo buscando la cuesta de la muerte. Solo la he bajado dos veces en mi vida, pero dicen los que la bajan habitualmente que es mucho más fácil de lo que parece, desde luego, cuando te asomas arriba parece de todo menos fácil. Mi impresión es que depende muchísimo de cómo esté el terreno, con la tierra muy seca y suelta me parece muy difícil y después de lluvias que se ha formado el surco en medio de la cuesta, para mi es imposible bajarla. Existen varias alternativas para no tener que bajar esta cuesta, yo personalmente no le veo nada, atractivo, debe ser por el miedo que bloquea hasta la adrenalina. La bajé para tenerla en el track y poder señalarla.
Desde aquí, se enfila ya hacia el norte y lo dejamos encaminado para seguir el anillo verde ciclista por el cual se puede empalmar con El Pardo o la Dehesa de la Villa.
Este track es una mera muestra, os recomiendo que vayáis investigando por vosotros mismos y descubriendo nuevos caminos, es un buen sitio para hacerlo.
Hay mucha gente que le tiene manía a este parque y a montar en bici por él, la verdad es que si puedes ir a la sierra no hay color, pero en mi opinión, cuando no tienes mucho tiempo o cuando vas con gente que empieza, es un magnífico sitio para ir y rara vez te aburres.



Track de la ruta

domingo, 27 de mayo de 2012

Cercedilla- Cotos- Puerto de Navacerrada- Cercedilla

Aprovechando el buen tiempo y que por segundo fin de semana consecutivo me han alargado la cuerda en casa, decido intentar por tercera vez en lo que va de año esta preciosa ruta que descubrí el año pasado y que la nieve y el granizo me habían impedido disfrutar.
Esto es lo que me mandó a casa el finde pasado sin cumplir el objetivo.
Este año tengo alguna variación pensada para evitar el Camino Schmidt, muy concurrido en estas fechas y cambiando el descenso final por el camino de la República por otro más entretenido, aparte de hacerla en sentido inverso al que la hice el año pasado.
Decido ir en tren, como me he despertado pronto hoy subiré en tren, me gusta mucho más ir sentadito mirando los ciervos que nuestro monarca tiene reservados para él en su coto particular de El Pardo, si nos abrieran un 25% de esa zona al público sería un paraíso biker al ladito de Madrid.
Pasadas las 10  de la mañana llego a Cercedilla, se ven muchas bicis y gracias a la fiesta que han preparado los de la revista Bike se ven bicicletas de montaña por todas partes y los numerosos carteles anunciando la feria nos dan la bienvenida.
Comienzo la subida a buen ritmo, parece que me encuentro bien y toda la pereza que me acompaña desde hace unas semanas cada vez que me pongo a hacer deporte ha desaparecido, decido no coger agua hasta las Dehesas y voy disfrutando de las vistas de las montañas que se tiene en este primer tramo, es el tramo para mí más pestoso porque lo haces por carretera y hay tráfico, se ven las montañas a cuya altura nos pondremos dentro de un rato y mucha vegetación, las lluvias de abril y comienzos de mayo han hecho su trabajo y el paisaje está espectacular, de un verde intenso que dan ganas de comprar una casa aquí y cambiar de vida.
Pasadas las Dehesas empieza la zona más dura de la ascensión al puerto e la Fuenfría, aquí veo a lo lejos un grupo, viendo que me encuentro bien, decido tirar a por ellos. Les alcanzo enseguida, la verdad es que van a un ritmo muy tranquilo, son 15 o 20 y van disfrutando de la mañana, esa es la esencia del ciclismo de montaña, rodar por preciosos parajes acompañado de tus amigos, charlando y con unos bocatas en la mochila.
Sin más incidencias llego al mirador de los Poetas, las vistas desde aquí son espectaculares y aunque he estado muchísimas veces, la parada es obligada, este es un sitio que nadie debería perderse y al que se puede llegar también andando.
Una vez disfrutado el paisaje, continuo con la ascensión, la parte complicada ya la he superado y no parece que hoy me caiga una nevada como en Jueves Santo o una granizada como el fin de semana pasado que me hicieron pensarme mucho el continuar, hoy es todo más fácil, incluso tiro un poco de desarrollo y llego hasta el Mirador de la Reina, otro sitio de parada obligatoria, sencillamente espectaculares las vistas desde aquí, del valle y de las montañas que no subiremos porque ya casi hemos llegado al paso de la Fuenfría.
Arriba toca descanso y bocadillo, el primero de los que traigo preparados, hay que ir cogiendo provisiones para la subida que nos queda, hasta aquí lo tengo todo muy controlado pero de aquí en adelante nunca he hecho la ruta en el sentido que la voy a hacer hoy, el día que la descubrí la hice al revés y pensé seriamente en tirarme cuesta abajo hacia Segovia de lo dura que se me hizo.
Empiezo la bajada por el Carril del Gallo. Es un sendero estrecho y revirado con algunas piedras que cuando lo hice de subida me obligaron a poner pie a tierra numerosas veces pero que cuesta abajo supero sin grandes dificultades. El paisaje es precioso y n me cruzo más que con una persona y otro grupo de ciclistas que estaban haciendo una ruta casi como la que yo tengo pensada. el miedo a no saber seguir las indicaciones del GPS desaparece en cuanto veo que voy exactamente por la línea morada y que en los dos cruces que tengo se ve claramente el camino a seguir. El final de la bajada es por una pista ancha que permite bajar deprisa y admirar los impresionantes pinos de los Pinares de Valsaín, desembocando en la carretera que baja del Puerto de Navacerrada y por la que hay que hacer dos de sus famosas revueltas. Salgo de la carretera y empiezo el ascenso hacia Cotos.
Subo por una carretera perfectamente asfaltada que va pasando por varias explanadas en las que se acumulan los troncos cortados, la pendiente es importante pero se lleva bien, desde luego nada comparado con lo que me espera un poco más adelante. Cuando subes por una carretera o pista es cuando más le das al coco, esta zona me recuerda siempre que paso a los pinares de Soria y los veranos que pasé en el Refugio del Pescador de Covaleda, que tiempos, el verano era tan largo que pasábamos allí dos semanas y nos parecía poco, quien pillara ahora 3 mesecitos de vacaciones.
Se toma un desvío cogiendo una pista forestal y ahí empieza lo serio, primero una cuesta, luego otra un poco más larga, luego otro, luego ya no hay explanadas, yo no se de cuanto serán estas rampas, pero para mi empiezan a hacerse del 40% o más. Yo no recuerdo nada igual, la Bola del Mundo en todo caso, aunque mis recueros de aquella subida deben estar borrados, si me tuve que bajar de la bici debían ser cuestas peores que estas y eso me parece imposible. Llega un momento en que noto que me va a dar una pájara y decido parar un rato, tampoco se lo que me queda de subida, así que prefiero ser prudente, descansar e ir tranquilo. El descanso hace su efecto y vuelvo a subir, con el molinillo puesto todo el rato pero sin pasar penurias, y cuando ya estoy viendo las construcciones de Cotos, el camino se convierte en un riachuelo que me impide continuar la marcha, no podía faltar el tramo de empuja-bike. Los últimos 2 kilómetros se hacen muy penosos, casi la mitad del tiempo andando o intentando subir a la bici, menos mal que la meta se ve ahí, porque si no habría pensado seriamente darme la vuelta. El caso es que llego a Cotos, lo duro de la ruta ya está pasado, de aquí en adelante solo queda bajada.
Aquí me pego un merecido y largo descanso, otro bocadillo, agua, me tumbo en la hierba, lo mejor de montar en bicicleta, comerse un bocadillo y tumbarse en la hierba. Hay numerosos ciclistas, tanto de carretera como de montaña, veo un grupo que llega por una cuesta abajo y que parecen venir de la Bola del Mundo, le pregunto si es posible llegar por ahí a Navacerrada y me contestan que ellos vienen de allí, pero que subir por donde han bajado ellos le parece imposible. ante la perspectiva de tener que subir hasta la bola, descarto la posibilidad.
Cojo la bici y por la carretera llego hasta el puerto, he ido bastante más rápido de lo esperado, así que el descenso, en lugar de hacerlo por la pista que bajé la última vez lo hago por un sendero lleno de piedras y raíces que creo que es el verdadero Camino del Calvario, y no la pista que marca el track que descargué. El descenso es algo más que entretenido, me obliga a ir en tensión constantemente y poner pie a tierra en algunas ocasiones, aparte de ir cruzando un arroyo todo el rato, por suerte de momento no me mojo los pies, estoy disfrutando de la bajada mucho más que por la pista.
Según voy bajando el camino va siendo más sencillo y el arroyo más caudaloso, la dificultad pasa de ser las piedras a ser los pasos de agua, hasta que al final, ya vislumbrando la presa del embalse, llego a un sitio que no puedo pasar montado. Miro un poco buscando un paso pero no lo encuentro, justo al final me va a tocar mojarme. Intento pasar andando con la bici por una zona de rocas, pero meto los dos pies en el río, no hace mucho frío pero tampoco es un día de verano, no quería ir con los pies empapados, pero es lo que hay. Por suerte, ya solo queda la pista final para entrar a Cercedilla y el paseo por sus calles hasta llegar a la estación, no sin antes dar una vuelta por la zona de exposición de la feria.
La ruta ha terminado, la he hecho bastante mejor que el año pasado y he comprobado que como suponía el sentido correcto es el que he seguido hoy. Igual que el año anterior, me ha parecido una de las mejores rutas que he hecho por la sierra y sin duda pasará a ser una de las que hay que repetir cada año.


Track de la ruta.