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jueves, 11 de julio de 2013

Cercedilla-Fuenfría-Carril del Gallo-Cotos-Bola-Cercedilla.

Como cada mes de julio, algún fin de semana me alargan la cuerda y puedo gastar los puntos hogar en una buena ruta por la sierra. Este año ha tocado pronto, aunque la poca planificación ha hecho que tenga que hacerla solo, cosa a la que por otra parte ya estoy acostumbrado y que no es lo mejor, y menos en rutas como esta en la que hay piedras por todas partes.
Los 38 grados previstos para Madrid también me empujaban a subir lo más alto que pudiera, es una suerte tener a apenas 50 kilómetros y comunicado por tren una zona en la que hace siempre 10ºC menos que en la capital.
El caso es que a las 8:10 de la mañana estaba ya en el andén de la estación de tren esperando que diera la hora de comenzar el viaje.
El vagón iba bastante lleno, había ya varios ciclistas y me tocó llevar la bicicleta sujeta porque no había ningún sitio donde dejarla, al menos pude ir sentado, cosa que no pueden decir los siguientes ciclistas que montaron en paradas posteriores, no había visto el tren con tanta bicicleta nunca, por lo menos íbamos una docena en el mismo vagón. Es curioso, el fin de semana anterior iba el vagón de este mismo tren casi vacío y una semana después apenas cabíamos todos.
Sin ningún incidente aparte de alguna señora enfadada con tanta bici, llegamos a Cercedilla. Esta vez como iba solo no me demoré en el inicio de la subida, si pensaba subir a la Bola del mundo convenía llegar cuanto antes, que esa subida se puede torcer en cualquier momento y cuanto más margen tengas mejor.
La subida a la Fuenfría la hice a muy buen ritmo, sin parar ni siquiera en el mirador de los poetas, lo tengo ya muy visto y había subido la semana pasada.
El no esperar al llegar el tren y no hacer paradas hizo que durante la subida no me encontrara demasiada gente y a diferencia de la semana pasada, no me adelantó ninguno. Lo mismo acabo pagando este esfuerzo al final, pero la verdad es que esta subida a fuerza de tanto hacerla se me va haciendo bastante asequible.
No paro ni en la cumbre, y bajo directamente a la fuente, mucho más fresco, con césped y con la fuente ahí.
Cuando llego hay unos caminantes flipando con la bicicleta que tenía el ciclista que estaba cogiendo agua, la lefty es lo que tiene, como alguien se de cuenta del “detalle” de tener una sola pata la pregunta o el comentario acerca de lo llamativo o de si está rota no falta. Desde luego, aparte del buen funcionamiento que dicen que tiene, este es un claro factor diferenciador.
Después descansar un rato, coger fuerza con el primero de los sándwiches y rellenar los bidones con el agua fresca de la fuente, seguí rumbo al Carril del Gallo. Con este camino tengo sentimientos encontrados, la primera vez lo hice en sentido de subida y me pareció un auténtico infierno, estuve pensando en algunos tramos en bajar a Segovia y volver en tren por no continuar con una subida que tenía que hacer casi todo el tiempo andando, de lo que tampoco me veía muy capaz después de llevar 6 o 7 horas de ruta.
Pero el año pasado lo hice en sentido bajada y me pareció una gozada, lo bajé del tirón sin poner casi pie a tierra y la verdad es que el paisaje y los senderos son de lo mejor que he hecho en rutas ciclistas.
La cosa es que el año pasado debía estar especialmente hábil con las bajadas, porque este año me tuve que bajar en varios sitios y no disfruté tanto de la bajada. Otra opción es pensar que la primavera tan lluviosa que hemos tenido lo ha dejado todo hecho una broza y por eso es tan complicado. El caso es que llegué abajo, dos revueltas de bajada en la carretera del puerto y comienzo de la subida a Cotos. También tengo del año pasado una buena sensación de esta subida, un gran descubrimiento también, sobre todo la llegada a Cotos.
El caso es que mi intención era subir del tirón, sin prisas pero sin pausas, hasta arriba, por lo menos hasta la parte final donde el camino se convierte casi en una torrentera llena de agua que dificulta enormemente la circulación ciclista.
Pero este sábado no iba, el invierno perruno que he tenido, sin ir a correr, sin grandes palizas de bici ni nada está pasando factura y estoy bastante peor que el verano pasado, el caso es que casi al final tuve que pararme y descansar.
Esta subida ya la he descrito en alguna que otra crónica de ruta, es una maravilla, pinos altos típicos de la zona, los famosos pinares de Valsaín que me recuerdan los pinares de Soria, bastante mejores que estos, en lo que tantas veces he estado y que algún día tendré que recorrer en bicicleta con mis hijos, porque varios días por ahí yo solo me parece que no va a ser posible, así que esto quedará para dentro de 10 años.
El caso es que llegué arriba, barrita de cereales y unas de algo parecido al membrillo que compré en Decathlon, están bastante ricas y por lo dulces que están y el azúcar que tienen, deben meter un buen chute de energía, que sin duda la voy a necesitar para el próximo objetivo. La bola del Mundo.
Tras unas amables palabras con la señora que se quejaba de las bicis en el tren, a los que ahora tildaba de gilipollas argumentando que el país que teníamos tan bueno era gracias a ella y los de su generación. Probablemente todos mis amigos y familiares de los que el más cercano está en Dinamarca buscando trabajo piensen lo mismo acerca del maravilloso país que habitamos o habitaban.
Cojo la bici y por carretera rumbo al puerto de Navacerrada. Por el camino me encontré una fuente y no me pude resistir a probar el agua, aunque esta tenía tuberías y todo, pero me supo riquísima también.
Llegué a la base de la pista que sube a la bola y por última vez me pensé seriamente si subir, pero había venido a eso y no iba a volverme al tren a las 2 de la tarde, así que para arriba, directamente plato pequeño y segundo piñón, por si se complicaba más todavía, siempre hay que tener una reserva aunque sea pequeña. Esta vez iba a subir toda la pista en bici, lo que no quiere decir que del tirón.
El principio fue duro, esto estaba muy empinado y empezaba a dolerme todo, pero había que llegar. Seguí para arriba tratando de recordar las dos curvas en las que me tuve que bajar el año pasado. No conseguí recordarlo, pero cuando avisté las antenas vi que ese punto lo había pasado, hora de tomarse un respiro para llegar hasta arriba. Las vistas eran espectaculares. Abajo se veía y se oía a un grupo de niños que habían subido al puerto de excursión. Por mi parte, el vientecillo fresco daba ganas de quedarse allí a pasar el día y la noche, parece mentira que pueda haber tanta diferencia de temperatura en tan poco espacio, mientras en Madrid estábamos a la puerta del infierno por la parte de dentro, aquí se estaba de maravilla y compensaba el esfuerzo hecho para llegar hasta allí.
Después de unos minutos, cogí la bici y continué hasta arriba. No recordaba tan dura la última parte, se ve que la niebla que había la última vez que subí me impidió ser consciente de lo que estaba subiendo, pero esta vez me estaba pareciendo de la parte más dura, no quería ni mirar el GPS para ver la velocidad que llevaba, que sin duda no llegaría a los 5 kilómetros por hora.
Por fin llegué arriba, mi estado era lamentable, estaba supercansado, me dolía el culo, la rodilla, los tendones de detrás de las rodillas, demasiado esfuerzo para mi.
Ahora tocaba comerme el bocadillo que me quedaba y beber agua, descansar, que para la bajada a Cercedilla convenía estar más o menos fresco o el sendero que va paralelo al Camino del Calvario se podía hacer hasta peligroso si no ibas muy atento.
La bajada de la bola es increíble, parece que en algunos tramos no puedas ni parar la bicicleta de la inclinación que hay, los brazos se me cargaron muchísimo, y al cansancio general se unió el esfuerzo de brazos y cuello. Total, que cuando llegué al puerto me plantee otra vez si merecía la pena bajar por el camino complicado, pero otra vez el recuerdo del año pasado, cuando bajaba casi por cualquier sitio, pudo con la cabeza y me fui por el senderito. Ya desde el principio aquello no era lo que esperaba, casi en cada dificultad echaba pie a tierra y en los puntos en los que intentaba no bajarme veía el tortazo más cerca de lo debido. Así hasta que en una zona aparentemente fácil, el pedal dio con algo y salí rebotado hacia el cauce del río. Bajé el talud de unos dos metros de altura a rastras enganchado a la bici y acabé con un pie en el agua y la bici en medio del riachuelo, de esta no sale mi cuadro de carbono. El caso es que sin poner el otro pie en el agua no era capaz de subir la bici al camino y subir yo, así que al final todos los pies empapados. Ahora tocaba revisión de daños. En mi parece que solo había sido un rasguño en el brazo, pero estaba lleno de polvo, así que me tocó meter el brazo en el río para limpiar aquello un poco, como escocía el arañazo, lo mismo era más profundo de lo que parecía, pero no sangraba demasiado.
Así llegué hasta abajo, ahora tocaba tomarse una jarrita de cerveza con limón sentadito en una terracita, menuda imagen más lamentable, un tío solo, arañado y hecho una broza, sentado en una terraza con la bici al lado y metiéndose medio litro de birra para el cuerpo. Pero eso es de los mayores placeres de montar en bici, la cerveza después del ejercicio, fresquita después de haber pasado medio día al sol sudando como un gorrino entra como la seda. Así que no me tomé una, sino dos, y aprovechando que había tiempo me pedí también un bocata de calamares, que no era cuestión de llegar con hambre a casa.
Y de ahí al tren, pasando por un pinchazo que se debió hacer de estar la rueda al sol.
Esto fue todo, una buena ruta, exigente, tanto en lo físico, con tres subidas importantes, como en lo técnico, con dos bajadas por encima de mi nivel y que dieron con mi cuerpo serrano en el cauce de un riachuelo, para haber hecho unas fotos. Algún día me gustaría bajar con una doble o una 29 por estos dos senderos a ver si realmente hay diferencia o son solo tonterías para camuflar la falta de habilidad del piloto.

Os recomiendo esta ruta, cogiendo los trozos que mejor os parezcan, sobre todo para los días de mucho calor, porque ahí arriba hace bastante más fresco que en Madrid, y aprovechad para admirar los paisajes y recoger el olor a pino, que eso si que es increíble.

martes, 3 de julio de 2012

Cercedilla - Tres Cantos pasando por 3 puertos.

Este sábado tocaba salida por la sierra, la ola de calor que hemos pasado por el centro esta semana, con temperaturas de 40 ºC, no aconsejaban salir cerca de la ciudad y aunque parece que durante el fin de semana nos iba a dar un respiro, mejor no tentar la suerte. Además, un día que no tengo hora para volver a casa hay que aprovecharlo para hacer una ruta de las buenas, conocer algún terreno nuevo y darme una buena paliza. Lo primero es planificar la ruta, tiene que ser por la sierra y a ser posible que empiece en una estación de tren y termine en otra. Wikiloc es mi mejor amigo para estas ocasiones, aunque el peligro de hacer rutas de gente que no conoces siempre está ahí, sin embargo voy perdiendo el miedo, las tardes de largos en la piscina parece que van dando frutos y mi estado físico es aceptable, con lo que puedo atacar bastantes rutas de las que la gente califica de moderadas e incluso difíciles. La ruta seleccionada parte de Cercedilla, como casi siempre, pero esta vez no volveré al punto de partida, pretendo irme a otro pueblo, Colmenar. Hace unas semanas pasé con el coche y me pareció un buen terreno para montar, sobre todo en primavera y otoño, no parecía que hubiera mucha montaña y por si acaso el camino sería perdiendo altura. Pero tenía ganas de hacer algo más, de darme una buena tunda de bici, así que seleccioné otro camino, un poco más dificultoso y con 3 puertos en condiciones, Fuenfría, ese fiel compañero, Cotos, mi último descubrimiento, y Morcuera. Gran parte de la ruta discurría por zonas que ya conozco de otras salidas, aunque la subida a la Morcuera por el lado contrario a Miraflores no la había hecho nunca, y eso pesó, vaya si pesó. Cojo el tren de las 8:20, así que antes de las 9:30 estoy dando pedales, hoy no pierdo tiempo ni en colocar el track, ya habrá tiempo en el alto de la Fuenfría para ello y hasta allí conozco el camino de sobra, la subida de siempre, muy dura al principio, con una zona de pendiente media en el centro que no se por que subo siempre a muy buen ritmo hasta el mirador de Luis Rosales y el último trozo ya muy fácil. Esta vez no paro ni en el mirador de los poetas ni en la fuente antes de llegar a la cumbre, la ruta es larga y no se lo que me voy a encontrar, cuanto más tiempo lleve por delante mejor. La subida se hace muy llevadera, el tren iba lleno de ciclistas y la mayoría tenemos pensado subir por el Camino de la República, así que más o menos voy acompañado casi toda la subida y con mis piques imaginarios con otros ciclistas desconocidos a los que voy atrapando, a todos menos a 3 que tenía ahí al lado a la llegada a las Dehesas y que ya no volví a ver hasta la cumbre. Arriba toca barrita para no coger una pájara y decidir si sigo el track que tengo grabado o bajar por el Carril del Gallo. Al final elijo la primera opción, error, la bajada es por la Fuente de la Reina, hasta allí es una pista pero muy rota, muy incómoda por la cantidad de piedras sueltas que hay. Me acuerdo de los que protestaban cuando arreglaron el Camino Schmidt. Los caminos y pistas hay que cuidarlos, aunque moleste a los que gustan de hacer descenso, si los dejas abandonados a su suerte terminan siendo impracticables hasta por los ciclistas más hábiles, y este empieza a estar mal, todavía se baja sin problemas pero es realmente incómodo. A partir de la fuente es camino asfaltado, total, que he bajado casi todo lo que había subido en poco tiempo y sin disfrutar casi de la bajada, aunque siempre está bien ir a 40 km/h sin dar a los pedales. Sin descanso después de la bajada empiezo la subida a Cotos, en este mismo blog tenéis la crónica de otra ruta en la que hago esta subida, así que no me extiendo. La subida la hago bastante mejor que la última vez, me junto con otros 3, uno de los cuales ya ha hecho gran parte de la subida a la Fuenfría a poca distancia de mi y yo de él. Entre la charla y que había subido hace apenas 1 mes la subida es más llevadera, aunque el último cuestón y la zona de pateo no me los quita nadie. Ya en Cotos toca el primer avituallamiento, el motivo real de mis salidas a la sierra, comerme un bocadillito que sabe a gloria en las praderas serranas y después de haber hecho en este caso dos buenas subidas. A partir de aquí es terreno inexplorado, no he pasado nunca por aquí y dependo del GPS, eso no me gusta porque la verdad es que soy bastante nulo con esto, pero si quiero probar cosas nuevas no queda otra. La bajada empieza por la carretera, según avanzo empiezo a dudar si toda la ruta trascurre por ella, pero enseguida se coge un desvío y entramos en los caminos. Es la parte más bonita de la ruta, discurre en su mayor parte junto al río, incluso se ven zonas en las que te puedes dar un baño, que siempre está bien saberlo para cuando apriete de verdad el calor, que no es el caso. Una vez pasada una zona más o menos llana por senderos junto al río y un embalse el camino pega un giro de 90º y hay una señal que indica Puerto de Morcuera, aquí debe empezar lo bueno. No había estudiado bien el perfil, pero creía recordar que la subida era similar en longitud y desnivel acumulado a la de la Fuenfría, así que nada insuperable, error. El no conocer la subida y el llevar ya más de 40 km con dos puertos empezaba a pasar factura. A pesar de ser una subida sin grandes pendientes, bastante tendida y con una pista en buen estado, el no saber cuánto me queda me va desmoralizando, para la próxima vez hay que estudiar la ruta y apuntarme en que kilómetros están las cumbres. El caso es que tengo que hacer dos paradas en la subida y se me hace eterna, no veo el momento de llegar arriba y empiezo a estar realmente cansado. Veo a un matrimonio dándose una duchita en un chorro que sale de un depósito, pregunto si es potable pero no lo saben, así que mejor no tentar a la suerte y confiar en que la fuente que la señora me dice que hay arriba del todo esté ya cerca. Efectivamente encuentro la fuente de Cossío, sale un buen chorro y aprovecho para comer el segundo sándwich y rellenar los bidones, a partir de aquí se supone que es todo bajada hasta Colmenar y debería llegar sin problemas. La bajada de la Morcuera es complicadilla al principio y luego empalma con la pista que he pasado en sentido contrario en otras ocasiones. Aquí con tanto traqueteo el GPS sufre un accidente y se suelta del soporte, se ha llevado un buen golpe contra la rueda pero parece que funciona. Ya casi abajo del todo, pierdo el track, la verdad es que ya estoy bastante cansado y no me apetece dar mucha vuelta buscando un camino para ir desde Miraflores a Soto del Real, incluso me planteo ir por carretera. Por suerte al cargar otro track encuentro el camino sin problemas. A partir de aquí es la parte más pestosa de la ruta, hasta Soto no está mal, pero a partir de ahí se va por una pista rodeando la cárcel, sin un solo árbol y por si fuera poco sopla el viento. Al llegar a Colmenar, con el cansancio acumulado, son casi 80 km, no me apetece lo más mínimo andar buscando la estación y encontrarme alguna cuesta, así que como Tres Cantos se ve bastante abajo decido coger el carril bici e ir a tiro hecho hasta la estación, a la que llego casi sin dar a los pedales. En total han sido 90 km, con zonas muy bonitas y bastante entretenido, habrá que apuntar esta ruta para el futuro, aunque le haré algunos cambios, sobre todo en lugar de bajar la Fuenfría por la fuente de la Reina conviene bajar por el Carril del Gallo, es más entretenido y más corto. Otra parte de la ruta a mejorar es el tramo desde Soto del Real a Colmenar, tiene que haber algún otro camino más entretenido.
Track de la ruta.

domingo, 27 de mayo de 2012

Cercedilla- Cotos- Puerto de Navacerrada- Cercedilla

Aprovechando el buen tiempo y que por segundo fin de semana consecutivo me han alargado la cuerda en casa, decido intentar por tercera vez en lo que va de año esta preciosa ruta que descubrí el año pasado y que la nieve y el granizo me habían impedido disfrutar.
Esto es lo que me mandó a casa el finde pasado sin cumplir el objetivo.
Este año tengo alguna variación pensada para evitar el Camino Schmidt, muy concurrido en estas fechas y cambiando el descenso final por el camino de la República por otro más entretenido, aparte de hacerla en sentido inverso al que la hice el año pasado.
Decido ir en tren, como me he despertado pronto hoy subiré en tren, me gusta mucho más ir sentadito mirando los ciervos que nuestro monarca tiene reservados para él en su coto particular de El Pardo, si nos abrieran un 25% de esa zona al público sería un paraíso biker al ladito de Madrid.
Pasadas las 10  de la mañana llego a Cercedilla, se ven muchas bicis y gracias a la fiesta que han preparado los de la revista Bike se ven bicicletas de montaña por todas partes y los numerosos carteles anunciando la feria nos dan la bienvenida.
Comienzo la subida a buen ritmo, parece que me encuentro bien y toda la pereza que me acompaña desde hace unas semanas cada vez que me pongo a hacer deporte ha desaparecido, decido no coger agua hasta las Dehesas y voy disfrutando de las vistas de las montañas que se tiene en este primer tramo, es el tramo para mí más pestoso porque lo haces por carretera y hay tráfico, se ven las montañas a cuya altura nos pondremos dentro de un rato y mucha vegetación, las lluvias de abril y comienzos de mayo han hecho su trabajo y el paisaje está espectacular, de un verde intenso que dan ganas de comprar una casa aquí y cambiar de vida.
Pasadas las Dehesas empieza la zona más dura de la ascensión al puerto e la Fuenfría, aquí veo a lo lejos un grupo, viendo que me encuentro bien, decido tirar a por ellos. Les alcanzo enseguida, la verdad es que van a un ritmo muy tranquilo, son 15 o 20 y van disfrutando de la mañana, esa es la esencia del ciclismo de montaña, rodar por preciosos parajes acompañado de tus amigos, charlando y con unos bocatas en la mochila.
Sin más incidencias llego al mirador de los Poetas, las vistas desde aquí son espectaculares y aunque he estado muchísimas veces, la parada es obligada, este es un sitio que nadie debería perderse y al que se puede llegar también andando.
Una vez disfrutado el paisaje, continuo con la ascensión, la parte complicada ya la he superado y no parece que hoy me caiga una nevada como en Jueves Santo o una granizada como el fin de semana pasado que me hicieron pensarme mucho el continuar, hoy es todo más fácil, incluso tiro un poco de desarrollo y llego hasta el Mirador de la Reina, otro sitio de parada obligatoria, sencillamente espectaculares las vistas desde aquí, del valle y de las montañas que no subiremos porque ya casi hemos llegado al paso de la Fuenfría.
Arriba toca descanso y bocadillo, el primero de los que traigo preparados, hay que ir cogiendo provisiones para la subida que nos queda, hasta aquí lo tengo todo muy controlado pero de aquí en adelante nunca he hecho la ruta en el sentido que la voy a hacer hoy, el día que la descubrí la hice al revés y pensé seriamente en tirarme cuesta abajo hacia Segovia de lo dura que se me hizo.
Empiezo la bajada por el Carril del Gallo. Es un sendero estrecho y revirado con algunas piedras que cuando lo hice de subida me obligaron a poner pie a tierra numerosas veces pero que cuesta abajo supero sin grandes dificultades. El paisaje es precioso y n me cruzo más que con una persona y otro grupo de ciclistas que estaban haciendo una ruta casi como la que yo tengo pensada. el miedo a no saber seguir las indicaciones del GPS desaparece en cuanto veo que voy exactamente por la línea morada y que en los dos cruces que tengo se ve claramente el camino a seguir. El final de la bajada es por una pista ancha que permite bajar deprisa y admirar los impresionantes pinos de los Pinares de Valsaín, desembocando en la carretera que baja del Puerto de Navacerrada y por la que hay que hacer dos de sus famosas revueltas. Salgo de la carretera y empiezo el ascenso hacia Cotos.
Subo por una carretera perfectamente asfaltada que va pasando por varias explanadas en las que se acumulan los troncos cortados, la pendiente es importante pero se lleva bien, desde luego nada comparado con lo que me espera un poco más adelante. Cuando subes por una carretera o pista es cuando más le das al coco, esta zona me recuerda siempre que paso a los pinares de Soria y los veranos que pasé en el Refugio del Pescador de Covaleda, que tiempos, el verano era tan largo que pasábamos allí dos semanas y nos parecía poco, quien pillara ahora 3 mesecitos de vacaciones.
Se toma un desvío cogiendo una pista forestal y ahí empieza lo serio, primero una cuesta, luego otra un poco más larga, luego otro, luego ya no hay explanadas, yo no se de cuanto serán estas rampas, pero para mi empiezan a hacerse del 40% o más. Yo no recuerdo nada igual, la Bola del Mundo en todo caso, aunque mis recueros de aquella subida deben estar borrados, si me tuve que bajar de la bici debían ser cuestas peores que estas y eso me parece imposible. Llega un momento en que noto que me va a dar una pájara y decido parar un rato, tampoco se lo que me queda de subida, así que prefiero ser prudente, descansar e ir tranquilo. El descanso hace su efecto y vuelvo a subir, con el molinillo puesto todo el rato pero sin pasar penurias, y cuando ya estoy viendo las construcciones de Cotos, el camino se convierte en un riachuelo que me impide continuar la marcha, no podía faltar el tramo de empuja-bike. Los últimos 2 kilómetros se hacen muy penosos, casi la mitad del tiempo andando o intentando subir a la bici, menos mal que la meta se ve ahí, porque si no habría pensado seriamente darme la vuelta. El caso es que llego a Cotos, lo duro de la ruta ya está pasado, de aquí en adelante solo queda bajada.
Aquí me pego un merecido y largo descanso, otro bocadillo, agua, me tumbo en la hierba, lo mejor de montar en bicicleta, comerse un bocadillo y tumbarse en la hierba. Hay numerosos ciclistas, tanto de carretera como de montaña, veo un grupo que llega por una cuesta abajo y que parecen venir de la Bola del Mundo, le pregunto si es posible llegar por ahí a Navacerrada y me contestan que ellos vienen de allí, pero que subir por donde han bajado ellos le parece imposible. ante la perspectiva de tener que subir hasta la bola, descarto la posibilidad.
Cojo la bici y por la carretera llego hasta el puerto, he ido bastante más rápido de lo esperado, así que el descenso, en lugar de hacerlo por la pista que bajé la última vez lo hago por un sendero lleno de piedras y raíces que creo que es el verdadero Camino del Calvario, y no la pista que marca el track que descargué. El descenso es algo más que entretenido, me obliga a ir en tensión constantemente y poner pie a tierra en algunas ocasiones, aparte de ir cruzando un arroyo todo el rato, por suerte de momento no me mojo los pies, estoy disfrutando de la bajada mucho más que por la pista.
Según voy bajando el camino va siendo más sencillo y el arroyo más caudaloso, la dificultad pasa de ser las piedras a ser los pasos de agua, hasta que al final, ya vislumbrando la presa del embalse, llego a un sitio que no puedo pasar montado. Miro un poco buscando un paso pero no lo encuentro, justo al final me va a tocar mojarme. Intento pasar andando con la bici por una zona de rocas, pero meto los dos pies en el río, no hace mucho frío pero tampoco es un día de verano, no quería ir con los pies empapados, pero es lo que hay. Por suerte, ya solo queda la pista final para entrar a Cercedilla y el paseo por sus calles hasta llegar a la estación, no sin antes dar una vuelta por la zona de exposición de la feria.
La ruta ha terminado, la he hecho bastante mejor que el año pasado y he comprobado que como suponía el sentido correcto es el que he seguido hoy. Igual que el año anterior, me ha parecido una de las mejores rutas que he hecho por la sierra y sin duda pasará a ser una de las que hay que repetir cada año.


Track de la ruta.