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viernes, 2 de agosto de 2013

Madrid-Segovia, y la Fuenfría pudo conmigo.

Magníficas vistas de Manzanres El Real, de las mejores de todo el trayecto.

Último fin de semana de libertad ciclista de este verano, esta vez con más tiempo para planificar y poder ir acompañado, así que preparo un reto importante, una ruta larga y en constante subida, Madrid – Segovia por el Camino de Santiago.
A las 8:20 salimos del barrio con dirección al monte de El Pardo, buscamos la vía para llegar hasta Tres Cantos pisando lo menos posible el carril bici pero sin intención de coger el rompepiernas que han construído junto a la vía del AVE.
Empezamos el camino muy animados, somnolientos pero animados, por nuestro camino habitual siguiendo las tuberías del Canal de Isabel II, la verdad es que es un poco aburrido, pero no conviene gastar fuerzas tan al principio aún a costa de perdernos nuestros senderos favoritos por dentro de la tapia de el Pardo.
Llegamos hasta El Goloso, donde nos adelanta un grupo de ciclistas que parece que seguirán nuestro mismo camino. Aquí es donde empieza el rompepiernas y no sabemos otra alternativa que el carril bici, por suerte el grupo que nos acaba de adelantar si la conoce, subimos la primera cuesta de la pista del AVE e inmediatamente nos desviamos a un sendero sin dificultad pero bastante más entretenido y asequible que la temida pista.
El descubrimiento de este sendero ha hecho que nuestro camino hasta Tres Cantos sea bastante más fácil y entretenido de lo esperado, así que sin pausa empezamos a seguir las flechas amarillas, que ya aparecen aquí y que nos llevarán hasta Colmenar, entrando en el pueblo por la pista del cementerio.
Una vez en el pueblo, aunque el GPS me manda por la circunvalación, las flechas amarillas nos llevan hasta la puerta de la iglesia haciéndonos rodar en dirección prohibida por una calle. Según mi compañero de fatigas las flechas las ha pintado el del bar de la plaza.
Salimos del pueblo, ahora toca el camino hasta Manzanares El Real, famoso por su castillo. La salida de colmenar es digamos que entretenida, en algunas crónicas de gente que ha pasado por aquí lo denominan trialera, yo no diría tanto, pero si tenemos que echar pie a tierra en algún punto concreto del trayecto.
Pasado este tramo cogemos una pista bastante ancha pero con un firme bastante incómodo, mucha arena y piedra suelta que además de frenar la bicicleta hace que sea realmente incómodo circular.
Por si fuera poco, antes de llegar a  Manzanares hay una cuesta arriba bastante importante que nos hace tomarnos el primer descanso de la jornada, con bocadillos, frutos secos y pasas incluidos. En este punto las vistas son muy bonitas, puede que las mejores de la ruta, aunque esto quizá sea debido a que todavía no voy muy cansado y puedo apreciarlas, cosa que no puedo decir de todo el trayecto.
Ahora toca bajada hacia el pueblo y cogemos el camino que va bordeando La Pedriza para llegar a Mataelpino, es sorprendente la cantidad de flechas amarillas que hay, no me imaginaba que a 700 km de Santiago estuviera ya todo marcado, no nos hace falta mirar el GPS en ningún momento.
En esta zona mis fuerzas empiezan a flaquear, ya no ruedo tan fluido y empiezo a pensar que la subida a la Fuenfría puede ser muy dura.
En una praderita que encontramos paramos debajo de un árbol a hacer lo que correspondería a la comida, bocadillo, almendras, pasas y un membrillo de estos energéticos que venden en el Decathlon, desde luego hoy van a tener trabajo extra si quiero llegar a Segovia.
Después del descanso, que si nos echamos la siesta, que si seguimos, que si tenemos que llegar a Cercedilla igual, seguimos la ruta. Completamos la subida y nos metemos en el pueblo. Grata sorpresa esta al comprobar que es Navacerrada, ya no nos queda nada hasta el pie de puerto y por la hora es posible que todavía lleguemos a coger el tren de Segovia, el objetivo está ya cerca.
Antes de coger la carretera a Cercedilla nos toca un tramo de empujabike pero de los de verdad, casi que carga bikemás que empujabike, voy muy justito y esto es por seguir las flechas en vez de hacer caso por una vez a los que han pasado primero por aquí, que seguro conocen el terreno mejor que nosotros.
Sin ninguna dificultad llegamos a Cercedilla, parada para que mi acompañante, que a estas horas ya va tirando de mi, se compre una barra de pan y una napolitana que dice le sabe a gloria. A partir de aquí empiezan los 13 kilómetros de subida ininterrumpida que llevan  a la fuenfría, tercera vez este mes que me enfrento a esta subida, pero hay una pequeña diferencia entre hacerlo nada más bajar del tren y hacerlo después de 7 horas de pedaleo cuesta arriba casi de continuo.
Ya en la primera fuente de la carretera, parada para rellenar los bidones y algo más, porque voy vacío del todo, he pasado la reserva y todo lo que tengamos por ahí dentro.
Seguimos para arriba, el ritmo es muy cansino, ni siquiera puedo decir que me duela algo o vaya ahogado, nada, falta de fuerzas total.
Nos cruzamos con muchos endureros, este fin de semana hay prueba del Open de España y hoy es jornada de reconocimiento, la verdad es que verles bajar da gusto y envidia.
En la fuente pasada las Dehesas, nueva parada, con bocadillo otra vez, nos vamos comiendo el margen para coger el tren y cada vez veo más lejos el bajar a Segovia, a no ser que queramos llegar a casa a las 11 de la noche.
Tras otra sesión de bocadillo, almendras y pasas y de ver pasar tres grupos de descendedores, retomamos la subida. El ritmo ya es penoso, yo creo que alguno andando me pasaría si no fuera porque a estas horas la gente está dedicándose a comer mejor que a caminar o montar en bici.
Antes de terminar el tramo más complicado me bajo de la bici, voy a hacer andando un rato y luego me monto y completo la subida. En la ducha de los alemanes me monto otra vez en la bici al ver que la pendiente va tomando unos porcentajes más asumibles, pero es solo un par de kilómetros, al rato me vuelvo a bajar pensando en pasar andando el tramo complicado, pero mi cuerpo ya me dice que complicados son todos.
Con esta lamentable estampa llego al mirador de Los Poetas, donde otro grupo de endureros están mirando la salida del tramo 3 y pensando quien empieza, prefiero ni mirarles, porque alguno me ha pasado cuando iba todavía montado, a saber que estarán pensando, aunque si supieran que venimos desde Madrid lo mismo cambiaban de opinión, pero no es mi problema.
Como la bajada del campeonato pasa por el mirados, bajamos andando por miedo a que algún avión de los que se lo están pensando nos pase por encima en el descenso. Nueva parada, ya con la certeza de que es el punto de vuelta y asumiendo definitivamente y sin ningún resquemor que el reto de llegar a Segovia quedará para otra ocasión.
Descanso ya sin prisas y bajada a la estación para coger el tren, al que llegamos 1 minuto tarde, una lástima, ahora tendremos que tomarnos unas cervezas mientras esperamos al siguiente, la verdad es que están ricas tan fresquitas.
Y esto es todo, a partir de aquí la ruta es en tren, lo que iba a ser un trayecto de dos horas desde Segovia se ha convertido en uno de una hora desde Cercedilla.
Aunque en el momento y debido al cansancio no me ha dolido lo más mínimo no llegar hasta donde debiera, con el paso de las horas la espinita se está convirtiendo en un tronco que se ha quedado ahí clavado. El curso que viene sin duda hay que mejorar el estado físico, ahora me queda pensar cómo hacerlo, porque aumentar las rutas de bicicleta no es fácil, habrá que plantearse ir a correr de forma regular y no 2 veces cada semestre.

La ruta me pareció bastante bonita, mejor de lo esperado, y plenamente ciclable, altamente recomendable si estás en forma.

domingo, 13 de enero de 2013

A Colmenar otra vez, esta vez con la gorda.

Vista panorámica de Madrid. Tomada desde la pista del Canal de Isabel II entre Tres Cantos y El Pardo.

Pues dos semanas después de mi paseo con la flaca, vuelvo al mismo lugar pero por otro camino.
El plan era ir a El Escorial, pero a última hora decidimos que con el frío que hace no es plan ir a hacerse una ruta que tiene tramos no ciclables para globeros como nosotros y que mejor ir a Colmenar. En principio no me atrae mucho la idea, pero me prometen llegar hasta allí sin pisar asfalto y eso, sea bonito o no el camino, tenía ganas de conocerlo desde hace muchos años.
La excursión incluye bocadillos, tengo el día libre, desde el verano no había librado y también echaba en falta una ruta de las de varias horas y sin prisas por volver.
A las 10:20 nos ponemos en marcha, lo bueno de esta ruta es que salimos montados desde casa, ni coche ni tren ni nada, 2 quilómetros y a la tapia de El Pardo y desde allí todo pista hasta se supone que Colmenar.
Hace varios años que no hacía ese camino, el trozo entretenido está a partir de la clínica SEAR y la última vez que pasé por allí había demasiada vegetación como para pasar con la bici y el talud hasta la vía del tren imponía respeto. Ahora la vegetación está bastante más cuidada, no es que haya menos, es que han debido limpiar un poco el monte, y las vías han desaparecido, y no es lo mismo ver una cuesta que si se te va la rueda terminas en la vía que ver la misma cuesta por la que puedes bajar haciendo la croqueta con el riesgo de unos raspones como máximo.
El camino empieza subiendo junto al campo de golf por la parte interior de la valla del monte de El Pardo, para cruzarla en cuanto pasamos el campo y coger la pista que va paralela a la valla hasta la clínica, antes del Goloso. Este tramo la verdad es que no me gusta mucho, es como un descampado que vas atravesando por una pista con muchos surcos en algunos tramos.
Una vez en la clínica se coge el sendero que va paralelo a la vía junto a la valla, nuestra compañera casi toda la mañana, es la parte más entretenida del trayecto, es un sendero ratonero, con alguna cuesta en la que echo pie a tierra y con muchas curvas y repechos. Por este sendero llegamos a la estación de cercanías del Goloso. Algo gordo debe haber en el cuartel porque está todo lleno de coches y gente con vestidos bastante elegantes. Una vez pasado el aparcamiento y sus alrededores, cogemos la pista que va junto a las vías del AVE. Es toda recta si la miras desde arriba, pero desde la pista lo que ves es un auténtico y pestoso rompepiernas, todo cuestas bastante empinadas, subes y vuelves a bajar para volver a subir inmediatamente otra vez, la verdad es que es muy cansado.
Así llegamos hasta Tres Cantos. Un poco antes de llegar el camino está cortado por el Aula de Naturaleza, lo que nos obliga a ir para atrás y buscar un paso hasta el carril bici para poder continuar, es el único tramo de asfalto de todo el camino. Hacemos ese quilómetro hasta el hotel de Tres Cantos y ahí volvemos a dejar el carril para coger una pista que se va alejando poco a poco de la carretera y que está marcada como Camino de Santiago, confiemos en que llegue a Colmenar, porque a estas alturas ya va pesando la sed.
Enseguida vemos una fuente, pero cuando nos acercamos no tiene agua, o alguien ha cerrado el grifo si lo tiene o las últimas lluvias todavía no han llenado el acuífero que tanto habrá sufrido durante el verano. El caso es que aunque no haya agua, decidimos comernos el primer bocata al solecito, hace frio, pero al sol te puedes permitir hasta quitarte la chaqueta y estar más o menos a gusto.
Colmenar se ve ahí al lado y parece que este camino si que nos va a llevar hasta allí.
Ya pasado el cementerio toca comerse el otro bocata al lado de una ermita que hay junto a la carretera, la verdad es que la ruta se nos ha hecho corta y decidimos volver para ver si encontramos el paso en la zona que estaba cortada.
Esta vez si cogemos el carril bici y llegamos a Tres Cantos en un momento, aquí es donde parece que llega el camino que estaba cortado pero en este lado está abierto. Pero la alegría dura poco, después de una bajada nos encontramos otra valla que nos impide el paso, así que media vuelta y a seguir por el carril hasta el goloso para volver a coger el sendero, a ver si en sentido contrario podemos pasar sin bajarnos de la bici. En la primera cuesta grande si que la bajo, pero las dos siguientes se nota que ya no estoy para arriesgar y las bajo andando, es lo que tiene la edad, no se ven excesivamente complicadas, pero uno ya es viejuno para estas cosas.
Sin más incidencias llegamos al cruce de la carretera de El Pardo a Fuencarral. Aquí decidimos meternos en nuestro coto particular que es el monte de El Pardo y volver a cas por el camino habitual de las salidas domingueras de toda la vida, mucho más entretenido que la pista que va por fuera de la valla.
En definitiva, un buen día de bici y aunque parecía que no había hecho grandes esfuerzos, los 60 quilómetros pesan y por la tarde casi no puedo ni moverme, como hacía tiempo que no me pasaba. Ruta aceptable, más que nada por saber como llegar hasta Colmenar por el campo y si algún día estamos en forma se puede intentar ir desde casa hasta la sierra sin coger el tren.

Track de la ruta